bienes importados. Solamente durante las dos décadas corridas entre 18521872, correspondientes a la era del guano, los aranceles (como pasaron a llamarse los derechos de aduana) fueron fijados en niveles de más o menos 20%, que podrían considerarse moderadamente liberales. Este proteccionismo involuntario, como bien profetizó Flora Tristán a pocos años de la independencia, no promovió una industria nativa vigorosa. Lo que hizo fue mantener alejada del consumo moderno a la población campesina y popular. Tal vez el gran avance de 1900 respecto de un siglo atrás fue que los peruanos creían ser más conscientes de cuáles eran los males que aquejaban a la nación: el pobre acondicionamiento del territorio para la economía moderna, la falta de instrucción, higiene y urbanidad (para expresarlo en los términos de la época) de la mayor parte de la población, y la inestabilidad política que transmitía a todo el resto una asfixiante sensación de incertidumbre. También estaban más avisados de que las soluciones a tales males no eran conquistas políticas, como ilusamente se pensó antes. Tres cuartos de siglo transcurridos habían demostrado que ni la independencia ni la república eran soluciones mágicas ni fáciles. Con esa convicción, plasmada en los escritos de la generación del 900, fue que las élites del país iniciaron su curso por el siglo XX. 9 Sobre el grabado de inicio: Plaza mayor de Andahuaylas. Wiener (1993[1880]). 266
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