exportación, dejando de lado los de panllevar. La costa sur se especializó en la producción de aguardientes y frutas que abastecían tanto a las tierras del sur andino (incluyendo Bolivia) como a la más poblada región de la costa central. El crecimiento de la población urbana en el Perú de finales del siglo XIX e inicios del XX fue una consecuencia de la bonanza exportadora, que traía aparejada la intensificación del comercio local y la modernización de las relaciones laborales, con la consiguiente formación de un proletariado agrícola, minero o urbano. En el caso de la actividad lanera y cauchera predominaron fórmulas presalariales en el campo laboral, a través del yanaconaje o, incluso, la esclavitud en el caso de los campamentos caucheros. En el cuadro 7.3 puede advertirse el crecimiento de la población de las capitales departamentales en el Perú entre los censos de 1876 y 1940. Las cinco ciudades que más crecieron estuvieron comprometidas con la bonanza exportadora: Iquitos con el caucho, Huancayo era una suerte de ciudad nexo entre la minería de Pasco y la de Huancavelica y Yauli, a la vez que el eje del valle del Mantaro, desde donde se surtía de alimentos a los centros mineros de la región y a la propia capital de la república; Trujillo con el azúcar y Puno con las lanas. Las ciudades de menor crecimiento eran las capitales de las regiones marginales a la bonanza exportadora, como Ayacucho, Chachapoyas, Moquegua, Tacna y Moyobamba. En los inicios del siglo XX el país era muy distinto al que encaró, un cuarto de siglo atrás, la guerra del salitre. Gobernaban partidos políticos antes que caudillos, comenzaba a formarse una burocracia especializada en diversas materias de la administración pública. Un nuevo ministerio, el de Fomento y Obras Públicas, creado en 1896, representaba las energías desplegadas por el país en el ramo de la infraestructura para la producción y el comercio. Este ministerio fue copado por los ingenieros, una nueva profesión que consiguió atraer a la élite social de Lima, que así, viajando por el país para la construcción de caminos y la atención de las minas, entabló nuevos vínculos con las sociedades del interior. Nuevas plazas y avenidas en las ciudades, como la Bolognesi y el Paseo Colón en Lima, representaban la sociedad moderna que pretendía erigirse. En el interior bullía la inversión minera, alentada por el avance de las vías férreas y el arribo de capitales extranjeros. Se abrían escuelas y postas médicas, que ayudaban a conformar una clase trabajadora de nuevo tipo, distinta de los mitayos que laboraron las minas hasta 1812, como de los esclavos que lo 254
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