rebeliones de Tacna (1811), Huánuco (1812) y, sobre todo Cusco (1814) fueron intentos fallidos de formar juntas de gobierno en el país. De cualquier modo, el hecho de que no se formasen en el Perú, o que, de haberse intentado no lograsen consolidarse, expresaría la falta de consensos en nuestra población en torno a su necesidad y a quiénes debían integrarlas o dirigirlas. Pero la falta de juntas propias no pondría al Perú fuera de la influencia que el periodo de las juntas de gobierno, entre 1808 y 1814, desencadenó en todo el imperio. Por su parte, en la península estas instituciones conformaron una suerte de asociación, que designó una junta central que, conforme avanzaron las fuerzas francesas, fue trasladándose cada vez más al sur, hasta llegar a la ciudad de Sevilla. Esta junta decidió llamar a cortes, que eran una reunión de representantes de la población, a manera de un congreso o parlamento. Los monarcas de los siglos XVII y XVIII habían rehuido su convocatoria por significar un recorte a su poder. La Junta de Sevilla convocó, en 1809, a unas elecciones generales mediante las cuales la población española debía nombrar a sus diputados o representantes ante las cortes. Las juntas cobijaron a muchos liberales españoles, que entendieron que la relación con las colonias americanas debía plantearse en un nivel de, por lo menos, mayor igualdad que en el pasado, dándole a estas un nivel de reinos antes que de colonias. Incluyeron, por tanto, en la «nación española» a los pobladores de los dominios americanos, de manera que entre 1809 y 1814, y nuevamente entre 1820 y 1823, se realizaron diversas elecciones hispanoamericanas, que tendrían un impacto decisivo en modificar las ideas políticas de la población de esta parte del continente, incluso en países conservadores como el Perú (véase el siguiente recuadro). Las elecciones para las Cortes de Cádiz «Estas primeras elecciones fueron parte de una apertura a la modernidad política en los Andes, bajo la exigencia de que las Indias tuvieran una representación en las Cortes. Sin embargo, la forma como esta fue concebida fue contradictoria. Por ejemplo, el número de diputados para la junta central no era proporcional al número de la población americana; más bien, se asignó un solo representante por virreinato o capitanía general. Este fenómeno creó un fuerte discurso americano de “maltrato”, que empalmó con gran facilidad con lo que David Brading ha tildado de “patriotismo criollo”, un fenómeno que se fue gestando desde el siglo XVI, cuando los conquistadores se quejaban de no recibir el debido premio por su hazaña. […] Pasemos a la siguiente elección, la del año de 1810. Esta fue convocada para conformar las Cortes de Cádiz. La regencia aumentó el número de representantes a 24
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