apegada a los hechos, y que, de momento, requiere mayores pruebas para ser evaluada. No hubo nuevas rebeliones contra lo que podríamos llamar «el gobierno colonial» hasta la década de 1810, treinta años después. Hubo manifiestos fuera del país, como la carta del jesuita Juan Pablo Vizcardo (1748-1798) en Londres en 1791, y conspiraciones, como la de José Gabriel Aguilar y Manuel Ubalde en el Cusco en 1805, pero nada verdaderamente impactante y exitoso que pudiera hacer pensar que en el Perú latiese una corriente crítica contra el gobierno español. ¿EXISTÍAN LOS PERUANOS EN EL PERÚ? En términos sociales, la población, más que dividida entre peruanos y españoles, parecía escindida según estamentos raciales: después de todo «españoles» o de «raza española» eran llamados todos los descendientes de los europeos, incluso los criollos. El historiador Heraclio Bonilla llegó a decir que en el Perú de vísperas de la independencia propiamente no existían peruanos, sino blancos, mestizos, indios y negros, cuya identidad social y relaciones con los demás quedaban determinadas fundamentalmente por su adscripción racial. El censo del virrey Gil de Taboada efectuado en 1791 presentó a la población peruana clasificada en tres formas: por razas, intendencias de residencia y condición de religioso, seglar o laico, señal de que desde el punto de vista de las autoridades tales eran los criterios importantes que definían el carácter de las personas. No eran el sexo, la edad, el estado civil, el tipo de asentamiento rural o urbano, o el nivel educativo, como serían por ejemplo hoy. 20
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