El aprendizaje de la libertad

No es fácil establecer quién tenía la razón en este debate. Al parecer hubo regiones donde unos tendrían más certeza que los otros. Parece cierto, en todo caso, que la movilización de los campesinos despertó en ellos ideas de nación, que cambiarían el panorama de las movilizaciones políticas de la posguerra. Como se sabe, el problema de armar al pueblo cuando acontece una guerra internacional o civil es que luego no será fácil desarmarlos, tanto militar como ideológicamente. En efecto, ¿qué ocurrió en la posguerra con los campesinos organizados que siguieron a los caudillos militares? Habían sido movilizados por hombres blancos como el propio Andrés Cáceres, un terrateniente ayacuchano de ojos azules que se dirigía a los indios en quechua, o por el obispo Manuel Teodoro del Valle, de gran ascendiente entre los campesinos, como todos los curas católicos. Cuando los guerrilleros dejaban de ser dirigidos por estos líderes, tendían a desencadenar actos de violencia contra los representantes de las clases sociales o raciales que los habían oprimido. Los trabajos del historiador Hugo Pereyra han reseñado el año terrible que acaeció en el valle del Mantaro, entre mayo de 1883, cuando el ejército de Cáceres se dirigió hacia el norte para someter a Iglesias, y mayo del siguiente año, cuando retornó a Huancayo. Fue un periodo preñado de saqueos en los comercios en Huancayo, asaltos e irrupciones en las haciendas de la región central, asesinato de sus propietarios y violencia contra sus familias. Al retorno de Cáceres, el jefe guerrillero Tomás Laymes se mostró renuente a seguir sus órdenes; fue detenido por mandato de este y, después de un juicio en que fue acusado por los crímenes reseñados, fue ejecutado junto con otros tres colaboradores. Para algunos historiadores, como Nelson Manrique y la estadounidense Brooke Larson, este hecho significó una traición de Cáceres contra sus antiguos aliados y un afán de contemporizar con los terratenientes, que poco lo habían apoyado durante la resistencia contra los chilenos. En mayo de 1883 Cáceres, premunido de un ejército de 1500 hombres, se dirigió hacia el norte para someter a las fuerzas de Iglesias y unificar así el gobierno peruano, pero fue derrotado por fuerzas chilenas en Huamachuco, el 10 de julio de 1883. Cerca de la mitad de los hombres de Cáceres perdieron la vida, ya durante el combate, ya por fusilamiento después, como en el caso de Leoncio Prado, hijo natural del presidente Prado. Cáceres logró huir hacia el sur, pero sus posibilidades de éxito retrocedieron. A raíz de ello, la opinión pública se inclinó hacia un arreglo con los vencedores, incluso si este implicase una cesión territorial, que era 195

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