los chilenos reforzar sus fuerzas en Dolores. Bajo el mando del coronel Emilio Sotomayor, estas llegaron a reunir una fuerza de 6500 hombres y 34 cañones. El 16 de noviembre las fuerzas de Buendía, que sumaban unos 7300 hombres, salieron del pozo de Santa Adela rumbo al norte y luego de tres días consiguieron ubicarse frente al enemigo, que para compensar su inferioridad numérica se había parapetado en el cerro de San Francisco. Recién entonces Buendía supo que las fuerzas de Daza no llegarían, porque al alcanzar la quebrada de Camarones, el día 14, habían decidido retornar a Arica. La razón de esto sería uno de los grandes enigmas de la guerra: ¿se rebelaron los soldados, al marchar por el desierto calcinante, en un suelo extranjero, sin contar con el calzado, el armamento y la preparación necesaria? Tal fue la explicación que dio luego Daza. El hecho es que este, como manifiesta Carlos Dellepiani en su Historia militar del Perú, en medio de una campaña contra el enemigo, no cumplió con su deber; exceptuando el de la traición, no hay cargo más grave que pueda hacerse a un soldado, y más aun tratándose de un alto jefe. 179
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