El aprendizaje de la libertad

Mantaro. Ese año, entre 1857-1858, fue fundamental en la visión de Pardo acerca de la sierra peruana y sus posibilidades de desarrollo. Encerrado en el valle de Jauja creyó descubrir que el drama del Perú era la falta de vialidad. Los peruanos del interior, que, como quedó dicho, eran siete de cada diez, vivían enclaustrados dentro de valles y quebradas, imposibilitados de practicar el comercio, que, en su visión, era la verdadera madre del progreso. Solo los ferrocarriles, que para la generación de Pardo fueron algo así como el símbolo de una nueva humanidad, podrían redimir a los pueblos del interior del atraso que les traía su aislamiento. Con este argumento llenó varios artículos que publicó en la Revista de Lima, que él mismo ayudó a fundar. En la década de 1860 Pardo viajó a Europa como agente financiero del gobierno de Pezet, a fin de conseguir un préstamo que, aparte de ayudar al conflicto que se vivía entonces con España, permitiese iniciar la construcción de los caminos de hierro. También fue gerente de la Compañía Nacional del Guano, ministro de Hacienda del gobierno de Prado, alcalde de Lima y presidente de la Beneficencia de Lima, un cargo que por entonces otorgaba un fuerte prestigio. La campaña de Pardo para la presidencia de 1872 fue exitosa porque, sobre la base de su prestigio económico e intelectual, pudo conformar redes de apoyo en el interior que compitieron exitosamente con las de los caudillos militares y neutralizaron hasta cierto punto las acusaciones de masón, oligarca o plutócrata, que le endilgaron sus rivales. Hay que entender que por entonces los partidos políticos eran prácticamente desconocidos en el Perú. Se entendía que un militar o un sacerdote se debían a su «cuerpo» y este, de alguna manera, lo controlaba, pero un civil carecía, para la opinión pública, de algún tipo de control. ¿Frente a quién iba a responder? ¿Quién sería su red de apoyo? El Perú de 1872 no era ya, sin embargo, el de veinte o treinta años atrás, cuando los candidatos civiles carecían de opción real de victoria. Una de las armas que Pardo usó con eficacia fue el sistema de correos, con el que logró mantenerse comunicado con las dirigencias locales de diversos puntos del territorio. El triunfo electoral de Pardo en 1872 fue resistido por elementos militares como los hermanos (y coroneles) Gutiérrez, quienes días antes del cambio de mando secuestraron al presidente Balta y pretendieron ocupar el poder. Su rebelión fracasó por falta de apoyo en otros puntos del país y dentro del propio cuerpo militar. La armada se puso del lado del presidente electo e inició lo que sería una prolongada alianza en la política peruana entre dicha arma y la oligarquía social y económica. Huérfanos de apoyo, los líderes rebeldes asesinaron al presidente Balta e intentaron huir, sin conseguirlo. Una muchedumbre desbordada los capturó a pocos pasos del Palacio de Gobierno y, con una rabia digna quizá de mejor causa, los 153

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