El aprendizaje de la libertad

aquel que alzase un palo para mandarlos. Aislados en sus aldeas, padecían la ignorancia de quien no se contacta con sus semejantes; míseros más que sobrios, eran ganados por las cosas más abyectas de la civilización occidental, como el alcohol y el fanatismo religioso. Entre 1821 y 1871 tampoco se habían podido construir unas finanzas republicanas, que, de acuerdo con Pardo y otros civilistas como Cisneros y Elguera, debían basarse no en la renta graciosa del guano, sino en los impuestos pagados por los ciudadanos. Las finanzas del guano habían incubado un férreo centralismo, que, una vez abolida la contribución de indígenas, hacía que las autoridades locales del país dependiesen para los gastos más elementales de las transferencias de dinero del tesoro central. Pero a esos pueblos sin caminos que los vinculasen con los mercados, sin apoyo para sus industrias y demás afanes económicos, llegaba puntual la leva para el ejército o para dotar de mano de obra gratuita a los gamonales y a las autoridades. La nula infraestructura para el comercio, los privilegios de la casta militar, el desorden de las finanzas públicas, deshabituadas a la fiscalización que al menos se hacía en el tiempo de los virreyes, y la inopia de los indios, a quienes Pardo llamó «ilotas miserables», eran otros tantos dedos acusadores del fracaso de una república dirigida hasta el momento por una casta militar sin cultura ni proyecto nacional. La crítica del civilismo caló en amplios grupos de la población. Los intelectuales liberales, la clase propietaria amante del progreso, los burócratas ilustrados, los grupos medios emergentes y hasta la simple plebe con deseos de cambio se fueron plegando a la prédica de Pardo, que aparecía ante ellos no únicamente como un afortunado consignatario del guano, sino como un intelectual joven, convincente y desligado de compromisos con la casta militar. Manuel Pardo: ¿campeón del liberalismo o líder del civilismo? Manuel Pardo y Lavalle (Lima, 1834-1878) era hijo del exministro, diplomático y renombrado escritor Felipe Pardo y Aliaga, y nieto del oidor de las postrimerías de la época colonial Manuel Pardo y Ribadeneira, encargado de juzgar a los rebeldes del Cusco de 1814. Los Pardo representaron uno de los pocos casos de transición exitosa entre la Colonia y la República de una familia de la élite. Manuel fue educado en Europa, como era propio entre los jóvenes de su clase, y se formó en las ideas liberales que dominaron las academias de Barcelona y París alrededor de 1850. De regreso en Lima contrajo una enfermedad pulmonar que lo obligó a pasar un año en lo que entonces era conocido como la «ciudad de los tísicos»: Jauja y el valle del 152

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