industriosos, resultaba lenta y compleja. Durante la era tardía del guano, estos mismos liberales terminarían reforzando la vía del patrimonialismo con la estatización del salitre, como veremos en el siguiente capítulo. LOS EFECTOS DEL GUANO EN LA SOCIEDAD Y LA ECONOMÍA PRIVADAS A pesar de que algunos estudiosos del fenómeno del guano en el Perú, como Jonathan Levin y Heraclio Bonilla, denunciaron el carácter de «enclave» de la economía del guano, por carecer de «enlaces» con el resto de la economía, ya sea mediante la compra de insumos, la construcción de infraestructura o la contratación masiva de trabajadores, tampoco es cierto que la exportación de ese producto fuese una «prosperidad falaz», como la calificó el historiador Jorge Basadre en su monumental Historia de la República del Perú. Con el dinero del guano, como destacó el economista estadounidense Shane Hunt, el Estado peruano hizo muchas cosas que impactaron en la sociedad y en la economía privada. Destacó, en ese sentido, lo que llamó el «enlace fiscal». Después de todo, la mayor parte de las ganancias del guano acabaron en manos del gobierno peruano, que era el propietario del recurso. Por distintas vías, las incrementadas rentas fiscales chorrearon sobre los alicaídos bolsillos de los peruanos, pero no a todos por igual; lo que para algunos fue una lluvia de millones, para otros fue apenas una débil garúa. Los indios, por ejemplo, recibieron el beneficio de la abolición del tributo indígena, aunque, como vimos, se trató en cierto sentido de un presente griego; los negros recibieron el beneficio de su libertad, comprada por el gobierno a sus amos; los mestizos y los blancos recibieron el beneficio de los puestos públicos; y los más afortunados obtuvieron el premio mayor: los contratos de consignación, los dineros de la consolidación de la deuda o de la manumisión de los esclavos (véase el siguiente recuadro). El escándalo de la consolidación de la deuda El escritor limeño Arnaldo Márquez (1832-1903) publicó una serie de artículos en los que denunciaba, quizá con alguna exageración, la corrupción que corrió en las esferas de negocios y de la política en Lima con la ley de consolidación de 1850. Reproducimos un pasaje respetando la ortografía del autor: «No sabría decir si por un exceso inverosímil de temeraria imprevisión o imprudencia, o con el ánimo deliberado de repartir entre algunos lo mejor de la riqueza del Estado; había dispuesto la lei de consolidación que, a falta de documentos auténticos que justificasen las reclamaciones, se considerase como 128
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