llegado a erigir una «red castillista» extendida por todo el país, a través de los oficiales que controlaban las prefecturas y subprefecturas, así como en los gamonales del interior, que sacaban partido de su dominio político sobre las masas indígenas. La lucha entre ambos partidos infundió la dinámica del siglo XIX. Los fenómenos económicos fueron importantes en la medida que influyeron en ella, pero no es que crearan las ideologías. La bonanza del guano, por ejemplo, dotó a la red castillista de recursos bastantes para reforzar las lealtades en los extremos más alejados de ella. En sus apartadas provincias los subprefectos recibían las partidas económicas que les permitían contentar a sus allegados, a la vez que alegrar sus propios bolsillos. La perspectiva de este libro toma distancia de ambas visiones del siglo XIX. De un lado, rechazamos la visión excesivamente «externalista» de la historia peruana presentada por la historiografía que podríamos llamar «dependentista» en la medida que, influida por la teoría de la dependencia, tendió a apreciar la historia peruana como dirigida y determinada por las decisiones tomadas en las grandes metrópolis del extranjero. El «imperialismo» no fue el que determinó el caos de la postindependencia ni la bonanza posterior del guano, ni fue el artífice de la reconstrucción de la posguerra. También tomamos distancia de su condena moral a la «oligarquía» nativa, por no haber estado a la altura de los retos históricos que habría enfrentado. En ello estamos más de acuerdo con lo planteado por Alfonso Quiroz, quien defendió la racionalidad económica con que se guio la élite de la era del guano. Nuestra historia no persigue señalar culpables ni exaltar hombres ejemplares. Si algo nos vuelve escépticos del esquema de la nueva historia política es su concepción de los republicanos como hombres buenos y sanos, que luchan contra un entorno institucional perverso, plagado de adversarios malévolos. Si así hubiera sido, tal vez haya que prestar más atención a ese entorno que a los personajes. No negamos que hubo ideales republicanistas ni personas que los procuraron, incluso heroicamente, pero también ellos tenían intereses económicos que defendían y los inspiraban. No queremos decir con ello que la ideología política sea una simple máscara de la lucha política, pero tampoco pensamos que sea independiente de ella. No solo los gamonales que se enfrentaron y terminaron con la vida de Juan Bustamante tenían intereses económicos o materiales, también el grupo de este, que, como acopiador de las lanas, pugnaba por quebrar el control que sobre la lana de los campesinos tenían los terratenientes regionales. Tal vez el caso más 11
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx