EL ESTANCO Y LOS CONSIGNATARIOS Según los datos proporcionados por el historiador británico William Mathew, las exportaciones oficiales de guano se iniciaron el 3 de marzo de 1841, con la salida del Callao del navío británico Bonanza de 176 toneladas, a cargo de la compañía conformada por los empresarios europeos William Myers, Carlos Barroilhet, Aquiles Allier y el peruano Francisco Quirós, a la sazón presidente de la Cámara de Comercio de Lima. Pero al final del mismo año, enterado del precio al que se vendía el guano en Inglaterra, el gobierno peruano anuló el contrato de exclusividad firmado con ellos aludiendo «lesión enorme». Esta era una figura jurídica de la época, por la que después de transcurrido cierto tiempo de celebrado un contrato, una de las partes podía anularlo por haber descubierto que no se le había pagado el valor real que le correspondía, sino una suma inferior. La concepción que estaba detrás de esta figura era que los contratantes podían tener muy diferentes calidades de información acerca de los precios y cualidades de los bienes transados y que debían protegerse los intereses de quienes estaban poco informados, que por lo general eran gente pobre y fáciles víctimas de algún engaño. Fue una figura que luego el liberalismo combatiría, por la incertidumbre y lentitud que ocasionaba en las transacciones y por el principio de que todos los contratantes debían ser asumidos como personas con iguales capacidades, derechos y obligaciones. Siguió una puja de los empresarios con el gobierno, que por esos años de anarquía política cambiaba constantemente, que llevó a que ingresen al negocio otras empresas francesas e inglesas, entre las que destacaron la Puymerol Poumarroux y Cia. y, al final, la Gibbs Crawley y Co. En un inicio estas empresas se cuidaban de incluir a un socio peruano bien ubicado en la política del momento, por la utilidad que podía tener para obtener la anuencia de las autoridades, pero luego aprendieron a prescindir de ellos. El negocio de extraer y embarcar el guano era sencillo en apariencia, pero demandaba el adelanto de fuertes capitales para el pago de salarios, alimentos, sacos de carga, fletes, almacenajes y seguros, y una serie de coordinaciones en el mercado europeo que podían tomar mucho tiempo antes de que se cobrasen las ventas. Los hombres de negocios del país carecían de la experiencia, los contactos financieros y el conocimiento de los mercados que pudieran volverlos contendores de las empresas 102
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