Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

obtienen los recursos, con sus límites originales, con el ámbito étnico y con sus disminuciones atribuidas a las reducciones, a las sucesivas composiciones de tierras, etcétera. Cierto que hablar de comunidades es muy distinto a hablar de etnías, sin embargo remite al mismo problema (cf. Arguedas, 1968; Fuenzalida, 1970; Matos, 1976). Un punto adicional se referiría al control simultáneo sobre un mismo territorio: «Dado el control simultáneo que ejercían varias etnías lacustres en la costa, no hay razón para suponer que diferencias de contenido cultural representaban necesariamente épocas diferentes. No me extrañaría si encontrásemos en un solo valle asentamientos de diversos antecedentes, sin ninguna estratificación establecidas ‘en los llanos’ por núcleos contemporáneos entre sí, pero diferentes en su equipo cultural» (Murra, 1975, p. 76). Cf., además, los trabajos arqueológicos citados allí por Murra y las anotaciones de Trimborn (1973 y 1975). En el último, este autor precisa, sin embargo, las migraciones de Sama de «grupos aymara que procedían de la orilla occidental del Titicaca»

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx