Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

Collaguas, el de Huánuco, además de múltiples casos costeños conocidos, permite observar diferencias que parecen estar de alguna manera relacionadas con distintos desarrollos locales que precedieron al Tahuantinsuyo y lo sobrevivieron durante mucho más tiempo del que normalmente se aceptaba. Es visible ahora también que los estudios vinculados con el indigenismo —Luis E. Valcárcel, Uriel García, Hildebrando Castro Pozo— iniciaron una búsqueda de las identidades andinas a través del tiempo y de los cambios ocurridos; la influencia específica del primero confluyó con la de Julio C. Tello en el desarrollo de la arqueología peruana, señaló también el nacimiento de la antropología y precisó por primera vez el término etnohistoria, entendible hoy como una perspectiva integradora. A partir de los años cincuenta, los estudios de John H. Rowe, María Rostoworowski de Diez Canseco y John V. Murra ampliaron la perspectiva en los análisis de la población andina durante la colonia, insistiendo paulatinamente los dos últimos en la precisión de las unidades étnicas y su permanencia en la historia; mientras tanto, Carlos Araníbar replanteaba el tratamiento de las crónicas iniciado por Raúl Porras Barrenechea en forma sistemática, R. Tom Zuidema sugería nuevos criterios de organización social y Pablo Macera inauguraba la historiografía rural y los estudios sobre la hacienda colonial, al mismo tiempo que los antropólogos iniciaban una diferente aproximación al mismo problema (José Mato Mar, Henri Favre). Por caminos diversos, provenientes del floklore, José María Arguedas, Óscar Núñez del Prado, Efraín Morote Best y Josafat Roel asentaron la partida de nacimiento actual del mito de Inkarrí. Este conjunto de vertientes —con variantes y proyecciones más conocidas— formaron una coyuntura favorable en los años sesenta para una reevaluación casi integral de los estudios históricos andinos, donde la relación con la arqueología comenzó a hacerse nuevamente evidente. En otro lugar (1974b), he dedicado más espacio y precisión a estas formas y monumentos del análisis del mundo andino. El contacto personal con María Rostworowski y John V. Murra fue precisando mi interés por las unidades étinicas primero y, consecuentemente, modificando mi aproximación al Tahuantinsuyo, proyectando ambos en una perspectiva histórica, donde la continuidad no excluye los cambios y sí fundamenta la identidad a pesar de ellos. Pero el desmontaje que los estudios modernos han realizado de la imagen tradicional sobre la historia andina no releva de una responsabilidad común y creciente; obliga, por lo contrario, a centrar el 8

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