Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

interés en los ámbitos regionales tan imprecisos todavía. Desde ellos y desde sus diversas articulaciones sistemáticas es más posible —parece hoy — ingresar a una historia de los Andes ya no vista desde los centros de poder urbano inaugurados en el siglo XVI, sino desde la población andina, activa en su resistencia y en la construcción de un futuro que no parece viable si se ignora el valor y la solidez creadora de la tradición, mantenida viva en el hombre de los Andes del Perú. El primer capítulo intenta una aproximación a los problemas que rodean la formación del Tahuantinsuyo, un caso concreto que requiere del análisis de las fuentes que nos hablan de él dentro de una perspectiva histórica occidental. El volumen de nuevas fuentes escritas y nuevos criterios para su estudio, que los últimos años han puesto en la mesa de trabajo del historiador, obliga a un replanteamiento de la problemática y de las perspectivas de investigación, considerando siempre que una adecuada perspectiva de la historia colonial inicial solo será posible mediante una comparación constante con la vida andina anterior y paralela (conflictiva y confluyente) al estado virreinal. La arqueología hizo patente la existencia de numerosas unidades étnicas («reinos», confederaciones, «periodo intermedio tardío») que fueron incorporadas al Tahuantinsuyo de los Incas en su formación. Posteriormente se ha constatado que dichas unidades mantuvieron su identidad política, a veces precaria, y una identidad étnica mucho más consistente y duradera, después de la disolución del estado cuzqueño y de la implantación del régimen colonial. A ello hay que añadir el hecho visible de una articulación desigual, tanto durante el Tahuantinsuyo como en las formaciones estatales posteriores, lo que hace preciso un replanteamiento de las relaciones en los contextos sucesivos de la colonia y la República, dirigiendo progresivamente la óptica hacia la comprensión de las continuidades históricas en el ámbito andino que incluye el Perú actual. Este criterio se vería reforzado por los resultados obtenidos hasta la fecha en los estudios sobre diversas unidades étnicas durante la colonia inicial. Han sido particularmente ilustrativos los análisis de los grupos étnicos de la zona sur del Perú, particularmente en los casos de Lupaca y Collaguas, tratados en los capítulos 2 y 3 de este libro, y que permiten pensar en su articulación más amplia, anterior al Tahuantinsuyo, y que podría abarcar territorios que rebasen el ámbito del altiplano del lago Titicaca. Pero esta imagen anterior a los Incas no pretende, de ninguna manera, eximirnos de intentar prolongar el análisis después de 1532, ya 9

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