nivel de relación estable que hizo posible el predominio del Tahuantinsuyo. El primer punto mencionado se refiere a la imagen que nos da, de una parte, el conjunto de cronistas clásicos y, de la otra, la documentación regional, de carácter muy variado. Podríamos convenir, respecto a los primeros, en la generalización de dos utopías retrospectivas: por una parte la conocida imagen generalizada por Garcilaso de la Vega, quien afirmaba un estado ciertamente muy poderoso, pero a la vez benévolo y paternal, capaz simultáneamente de garantizar una paz social generalizada que algunos llamaron socialismo, y de reprimir brutalmente la oposición a esta sociedad paradisíaca; las conquistas eran caso paseos triunfales donde la guerra no quedaba excluida porque ello supondría eliminar el derecho al heroísmo de los príncipes, y donde también se valoraban mucho las alianzas de las unidades étnicas (los curacazgos) con el Tahuantinsuyo. Por otro lado, una segunda forma de utopía normalmente atribuida a los cronistas llamados toledanos, retrataba la imagen opuesta: un estado igualmente poderoso, pero ferozmente incapaz de benevolencia alguna, que dominaba con un aparato político tan sólido como «ilegítimo», o «usurpador», toda la región andina. En esta última imagen las conquistas fueron rápidas y establecieron una suerte de uniformidad por el terror, aunque las alianzas permanecieron, lo que primó fue ciertamente la imposición que no excluyó, por cierto, el reconocimiento de la capacidad del estado cusqueño para administrar eficazmente la economía andina en un nivel superior al comunal o «étnico». Frente a esta imagen sustancialmente basada en los cronistas, tenemos otras posibilidades que han sido propuestas más cercanamente a la segunda visión utópica; dada la existencia del Tahuantinsuyo como un estado dominador, fue factible y hasta lógico que las poblaciones sometidas a este «estado imperialista» se sublevaran contra él y que, al momento de la invasión española, apoyaran decidida y decisivamente al invasor contra el Cusco64. Podría llegar a establecerse una relación entre el criterio que presidió la visión toledana y esta sugerencia, en el hecho de que ambas parten de la existencia de un estado no solo poderoso, sino «ilegal» y «usurpador», violento dominador de las etnías andinas; en el siglo XVI este criterio fue elaborado para hacer moralmente justificable y aceptable la invasión española, desde que destruía una estructura de poder —y un Inca, incluso— «ilegítima», restaurando a la población nativa de los Andes su derecho y su capacidad para recibir un nuevo régimen dominador. En 77
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx