respecto proyectar la investigación hacia el estudio de la transformación paulatina de los sistemas de control ecológico en regímenes de intercambio restringido y excluyente; quizás Collaguas pueda proporcionar en el futuro mayor evidencia a este respecto. Pero las «islas» son también lugares de confrontación interétnica, sobre la cual no sabemos prácticamente nada, a pesar de que muchos conflictos coloniales, registrados judicialmente, deben haberse originado en estas situaciones de control «compartido» entre el Tahuantinsuyo y diferentes unidades étnicas, y entre unidades distintas. Un caso más difícil de comprender es el de las colonias productivas de los Lupacas en las regiones al este del altiplano boliviano, Cochabamba por ejemplo, y sus vecindades. La documentación publicada recientemente (Morales, 1977), aunque fragmentaria, hace ver cómo era posible superponer la información y asumir dentro de los modelos de colonización del Tahuantinsuyo, presentados como tales a los funcionarios coloniales, formas de control que los lupacas representaban como suyos en la visita de 1567, ¿qué otra cosa que un conflicto difícilmente definible puede ocurrir ante una situación de este tipo, cuando se introdujo la propiedad occidental a nivel agrario en los Andes? Aun teniendo en cuenta que las evidencias de la coexistencia en las colonias productivas o «islas» son visibles, los libros parroquiales pueden arrojar nuevas luces; por ejemplo, el caso de Ichuña, en la sierra de Moquegua, que entre 1685 y 1714 registró matrimonios de gente proveniente de Yanque, Cabana y Tisco (Collaguas), de Chucuito, Pomata, Zepita, Ilave, Hatuncolla urinsaya, Hatun Cabana, Nuestra Señora de Copacabana, Moho y Macha (zona lacustre), Chuquiabo, Larecaja (Charcas), las fechas harían pensar quizás en «forasteros», pero indicios arqueológicos señalan ocupación muy antigua y múltiple 62 . CONSENTIMIENTO Y REDISTRIBUCIÓN Recientemente, Maurice Godelier ha llamado la atención sobre la oposición existente entre «violencia» y «consentimiento», sugiriendo que «...de los dos componentes del poder, el más fuerte no es la violencia de los dominantes, sino el consentimiento de los dominados a su dominación. Que se nos entienda bien, que no se nos acuse de mala fe. Sabemos toda la diferencia que existe entre un consentimiento forzado, una aceptación pasiva, una adhesión moderada, una convicción parcial. No ignoramos que en una sociedad, aun sin clases, no existe consentimiento —incluso pasivo 75
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