prouincia de Chucuito» (Archivo del Museo Nacional de Historia, cf. nota 6). De modo que queda claro que no solamente estos «mitimaes» permanecieron en el lugar en que se hallaban al momento de la invasión, sino que, además, continuó hasta la segunda mitad del siglo XVII el abastecimiento tradicional de maíz proveniente de los valles costeros a los Lupacas (debe considerarse que este abastecimiento, como otras condiciones similares, continúa hoy, como puede constatarse en la costa sur del Perú, y de lo cual dejó testimonio Flores Ochoa en 1973). Es visible que en el texto mencionado de 1661 no se adujeron privilegios provenientes del «tiempo del ynga» sino en una situación nominal que identifica este tiempo con todo lo anterior. Resulta conveniente recordar aquí la necesidad de precisar un objetivo de la investigación: el hecho de que la gente enviada como mitmaccuna por el Inca sería retornada rápidamente a sus lugares de origen, mientras que otra gente 58 enviada por las unidades étnicas permanecería en las colonias productoras. Se podría pensar que este es uno de los mejores elementos diferenciadores entre los mitmaccunas de clases distintas. Si recordamos que el manejo de las «islas» o colonias parece requerir más gente permanente en los casos conocidos de control ejercido por las unidades étnicas (cf. nota 9), que en los casos en que el control de recursos de este tipo es ejercido por el Tahuantinsuyo: en Cochabamba, por ejemplo, se movía gente de diferentes grupos distantes para trabajar el maíz; en Collaguas, las versiones orales actuales recuerdan que el Inca llevó mucha gente para sembrar y cosechar el maíz de Cabanaconde. Pero estos números mayores de trabajadores solo pueden ser entendidos para los momentos de siembra y cosecha, no permanentemente. Un caso, considerado al parecer como mitmaccuna del Inca, podría ser discutido como ejemplo: entre los mencionados por Wachtel se encuentran los Ycayungas de Sipe-Sipe (en Cochabamba) que se vieron separados de su lugar de origen (Ica y Chincha, en la costa central del Perú) y que, en tiempos de Huayna Cápac, fueron desplazados a muchos cientos de kilómetros: «...las tierras de ycayunga... las an poseído sembrado y cultivado los indios yca yungas plateros de sipe sipe porque este testigo oyó dezir que se las auía dado el ynga... que serbían al ynga mascara hijo de guayna capa... e que eran mitimaes de Chincha...» (Archivo Nacional de Bolivia, Sucre, EC 1584, Nº 72, f. 23; citado en Wachtel, 1976, p. 113, n. 89); el caso es que son propuestos como mitmaccuna del Inca, pero 73
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