Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

redistribución; aunque hay muchos ejemplos, poco puede decirse con seguridad en este campo, salvo que el nivel y el alcance de esta redistribución adquirió una dimensión diferente durante el Tahuantinsuyo, en el almacenaje de los recursos y su importancia, en la masificación de los mecanismos de obtención de los mismos. Poco es lo que podemos decir que se ha logrado en términos de saber cómo se realizaba realmente el control que el estado cusqueño ejercía. Últimamente hemos oído hablar mucho de la dominación incaica, de las formas como el Cusco fue también un invasor en los Andes, lo cual ayudó naturalmente al apoyo o a la aceptación de los españoles en 1533 (Espinoza 1971; 1974, por ejemplo); ello lleva a otro orden una discusión en torno al control real del Tahuantinsuyo sobre las unidades étnicas, así como también sobre las condiciones de cómo se llegó a ese control, es decir, la mecánica de la conquista incaica. Pero es quizás este último punto el que nos permite una duda razonable sobre el carácter de la información que nos puede proporcionar la fuente clásica, y que nos aproxima directamente a una primera pregunta: ¿qué es lo que realmente sabemos de cómo se inició la relación eminencial del Tahuantinsuyo sobre las unidades étnicas, sobre diversos conjuntos de etnías, sobre una etnia individualmente considerada? Los problemas que esto acarrea son grandes, como pudo constatarse en otros ámbitos a raíz del simposio organizado por la fundación Wenner Gren en 1967, y cuyos trabajos fueron editados bajo la coordinación de Frederick Barth (1976); el resumen inicial de este último fue un útil estado de la cuestión con las dificultades mayores en torno a la delimitación real de la etnia y sus mecanismos de identidad. Si se admite que la articulación de los diversos grupos étnicos exigirá que «su interdependencia será limitada aunque residan en la misma región» (Barth, 1976, p. 23) se está aceptando a nivel de un enunciado teórico aquello que en el caso andino fue propuesto a nivel de las colonias periféricas al núcleo principal de población (Murra, 1964, 1972, 1975) o aún al nivel de núcleos específicos donde se daba una multietnicidad aparente o real (Pease, 1977); pero Barth continúa: «la articulación tenderá a concentrarse principalmente en el comercio practicado, quizás, en un sector ceremonial o ritual» (p. 23). Si en lugar de «comercio» entendemos aquí «intercambio», podemos hablar de reciprocidad (cf. Polanyi, 1957; Alberti & Mayer, 1974; Murra, 1975) y, entonces, las frases son válidas para el área andina. Ello nos coloca frente a la documentación andina que afirma la existencia de núcleos uniétnicos o 69

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