Un supuesto previo que puede ayudar a comprender el problema se basa en el hecho que los hombres andinos —como los mesoamericanos— representaron acontecimientos mediante rituales que encuadraban sin duda un relato mítico, inexplicable sin el correspondiente contexto ritual. De esta manera, después de producida la invasión española del siglo XVI, se elaboraron las versiones que sobrevivieron, quizás huérfanas en parte de contenido y de significado, bajo la forma de la «danza de la conquista» o de la Tragedia del fin de Atawallpa, publicada esta última por Jesús Lara. Tanto en el caso mesoamericano como en el andino, dichas representaciones «escénicas» de acontecimientos fueron dramatizadas para versiones «teatrales» y aún «mestizas» durante el período colonial. No hay razón específica para dudar de la existencia de estas representaciones prehispánicas, si los mismos cronistas hacen menciones ocasionales de ellas, y si después de la invasión española se escenificó la muerte de Atahualpa y el triunfo de Pizarro. Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, autor de la Historia de la Villa Imperial de Potosí, relata que en ciertas celebraciones de 1555 se presentaron fiestas «teatrales» andinas, que relataban la llegada al poder de Manco Cápac en el Cusco (¿sería tal vez el contexto del mito de fundación cusqueño?), los triunfos de Huayna Cápac, la batalla de Hatuncollla, la ruina del Tahuantinsuyo (Arzáns, 1965; cf. Lara, 1957, p. 9). Aparte de Lara, Wachtel ha analizado tanto la versión andina como la mesoamericana, señalando las diferencias entre ambas (1971, pp. 65 y ss.). Después, otros autores han incidido sobre el tema. Interesa entonces proponer un ordenamiento de los datos que los cronistas presentan sobre las conquistas incaicas, y en ello llama la atención inicialmente que las expediciones suelen caracterizarse por salir del Cusco y regresar a él. También los autores de las crónicas detallan las fiestas triunfales que se realizaban en la ciudad sagrada al finalizar cada una de ellas, haciendo «triunfar» a los soldados cusqueños como los romanos a los suyos. Si intentamos un esquema inicial, tomando a los últimos incas como ejemplo, podemos ver cómo normalmente las versiones coinciden en que los incas (al menos desde Pachacuti) inician sus conquistas por el norte, continuándolas en el sentido general de las agujas de un reloj. El cuadro I indica la información resumida de las fuentes consultadas. Hemos escogido para su preparación diferentes tipos de crónicas, que producen informaciones no necesariamente similares; aun considerando las (casi diría, necesarias) variantes, y el caso aislado del 65
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