1971, por ejemplo). Interesa en cambio ahora precisar una vez más el modelo que proporcionan los mitos de origen cusqueños. Inicialmente, debemos partir una vez más de aquellos cronistas que recogieron su información en el Cusco y que vieron en sus versiones orales los fundamentos para sus relatos conocidos. Juan de Betanzos parece proporcionar una versión «menos contaminada» con el eurocentrismo reinante, añadido ello a su larga experiencia y definitiva permanencia en el Cusco, y a su vinculación familiar con los restos de la élite del Tahuantinsuyo. Precisa Betanzos que Huiracocha dividió el mundo en cuatro sectores, encargando a dos ayudantes que hicieran surgir a la gente del subsuelo, uno «por la parte de Condesuyo... y que lo mismo envió el otro por la parte y provincia de Andesuyo...» (1924, pp. 85-86). Mientras tanto, el mismo ordenador transitó desde Tiahuanacu (Collasuyu) hacia el Cusco y de allí adelante (Chinchaysuyu); es decir, que la divinidad se reservó los sectores hanan, mientras los ayudantes originaban a los hombres por su orden en los sectores urin. De paso, «llegó al Cusco; donde llegado que fue, dicen que hizo un señor, al cual puso por nombre Alcaviza, y puso nombre ansimismo a este sitio, do este Señor hizo, Cusco» (pp. 87-89). Distinguió también a Urcos, donde «subióse a un cerro muy alto y sentóse en lo más alto dél, de donde dicen que mandó que produciesen y saliesen de aquella altura los indios naturales que allí residen el día de hoy» (p. 88). Al margen de anotar que en Urcos puede apreciarse la presencia de la cerámica Caluyo, que reinvindica la vinculación con el altiplano50; es visible la producción de los cuatro sectores espaciales, dos hanan y dos urin, que las crónicas destacaron generalmente desde el Cusco mismo. Es una lástima que «por evitar prolijidad y grandes idolatrías y bestialidad» (p. 89), Betanzos no abundara en este punto, aunque ciertamente señaló el modelo de distribución espacial. Asimismo, precisará más adelante el cronista en su relato, que Pachacuti —para vencer a los Chancas— debió derrotar primero a Uscovilca, y después «a los cuatro capitanes de Uscovilca que de Paucaray él les inviara a descubrir por las provincias de Condesuyo e Andesuyo» (p. 131). Tal vez el problema fundamental de la investigación resida en pensar que, en consecuencia, las referencias toponímicas que las crónicas ofrecen son definitivamente identificables con esa estructura estable. ¿Debemos pensar también a los ceques dentro de la misma, en movimiento?, ¿ese movimiento no sería el que las crónicas atribuyen a las conquistas? 64
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