mitmaccuna (orfebres, por ejemplo; también en otro caso olleros de Collique en la sierra, véase Espinoza, 1970). Cuando en 1549, al hacer la visita general dispuesta por el presidente Gasca, los visitadores Antonio de León y Jerónimo Silva preguntaron al señor de Huaura, don Antonio Marca Tanta, con qué cantidad de hombres contribuía para el ejército del Inca, respondió que los yungas no tributaban con soldados (Rostworowski, 1976, p. 107); en la visita contemporánea a la región de Atico y Caravelí, ordenada también por Gasca, el curaca que fue interrogado en forma similar respondió: «y que para la guerra no le dauan yndios» (Carvajal & Rodríguez, 1977, 3r). ¿Dónde estaba, entonces, la contribución de energías humana? Los mitmaccuna «especializados» pueden ser una solución, aunque sea imprescindible fijar la diferencia y la semejanza entre estos y los colonos que los grupos étnicos empleaban para el control ecológico. En un reciente trabajo, María Rostworowski alude a la extrema especialización de la mano de obra costeña, llamando concretamente la atención sobre los artesanos de la costa norte, que no tenía acceso a tierras (1975b). Sería especialmente útil estudiar cómo se estableció el estado cusqueño en la región norteña andina, pues es presumible que su dominio no alteró la producción agrícola que permitía redistribuir excedentes en las regiones aledañas y aprovisionar los depósitos. Es en esta región donde se aprecia el fin de la puna en la sierra, y donde las condiciones ecológicas son decididamente más cálidas. Debemos tener en cuenta, por otro lado, que a pesar del sistema de caminos con depósitos escalonados (tambos), y a la existencia de grandes centros administrativos como los mencionados, debía resultar «más caro» al Cusco el transporte de ropa, mullu, coca o maíz desde el sur lejano en algunos casos48. Fue empleado entonces un tercer modelo de colonización, similar en algo al usado entre los Lupacas, aunque manteniendo un uso especial de mano de obra especializada, destinado a proveer al área norte del Tahuantinsuyo de los elementos necesarios para la redistribución que el estado realizaba. Ello no excluye, sino al contrario, la violenta sumisión del Chimor, que pudo permitir al Tahuantinsuyo controlar directamente aquellos aspectos productivos que más le interesaban en la zona. Algo más al norte, en Chachapoyas, se encuentra otro núcleo administrativo (tal vez Cochapampa; véase Espinoza, 1967b, p. 239). Sus funciones, aparentemente marginales, deben haber estado dedicadas a concentrar recursos de la ceja de selva (casi nada se sabe de cierto, pero 61
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