obrajes implantados por los conquistadores, en los cuales se labraba también ropa de algodón, que viene de esta manera a sumarse a los recursos de esta nueva región (Zevallos, 1973, p. 113); los datos sucesivos permiten considerar una abundancia relativa del tejido en la región. Cajamarca parecería ser entonces un centro redistributivo diferente a Chincha, Jauja o Huánuco Pampa; ya no es posible hablar solamente de mano de obra sino de un importante recurso regional, que podría sobrepasar las necesidades de la población y ser utilizado por el poder. Sin embargo, esto requiere de nuevas confirmaciones. Al oeste de Cajamarca y vinculadas a ella por viejas relaciones ya precisadas en parte (Rowe, 1970; Reichlen, 1970, por ejemplo), se encuentran las tierras que fueron ocupadas por el reino del Chimor. En ellas funcionó un perfeccionado sistema de riego que las transformó en la región tal vez mejor irrigada de los Andes centrales y que, durante el Tahuantinsuyo, pudo competir así con otras zonas privilegiadas (¿Yucay?) si no hubiera sido, como se afirma, tan severamente dañado por la conquista incaica. Es sabido también que el Chimor fue desde antes del estado cusqueño una de las zonas de mayor desarrollo urbano del área andina. La extensión del regadío permitió allí un cultivo intenso del maíz, que debe ser tomado en cuenta con el mayor interés, puesto que al momento de la dominación por el Tahuantinsuyo podía servir como un recurso regional y formar, junto o no con Cajamarca, un nuevo modelo de colonización. Los cronistas mencionaron que el Chimor conquistado por el Tahuantinsuyo proveyó de mitmaccuna a otras regiones andinas. Zárate (1944, p. 46) indicó que la región se rebeló contra el Inca Huayna Cápac y que, a consecuencia de ello, mucha gente fue enviada a diversos lugares: a la costa central (Collique, Maranga, Cañete, Ica), también a Cajamarca y el Cusco (Rostworowski, 1962, p. 158; 1976, p. 107); aunque los documentos de Damián de la Bandera sobre la visita que hiciera a Yucay en 1568 hablan de la presencia de mitmaccuna, no especifica si lo eran del Chimor (Villanueva, 1970), sí se sabe en cambio de plateros procedentes de Chincha (Rostworowski, 1975b, p. 325). Crespo (1975) precisó asimismo que había mitmaccunas del Chimor en Chincha, aún antes de la llegada del Tahuantinsuyo a la región, lo cual indica la existencia de un criterio equivalente y anterior, que lleva una vez más a pensar si la contribución de la costa al Tahuantinsuyo pudo ser en buena parte energía humana especializada, que el estado trasladaba a otros lugares como 60
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