Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

(1947, p. 197) señaló la aparición de los mitmaccuna como un fenómeno ubicable después de la dominación del Chinchaysuyu, término amplio sin duda, al noroeste del Cusco, justamente en la región de la que hablamos, aunque también relacionable con el Chimor. A mayor abundamiento, en 1586 se recogió la información que publicó Jiménez de la Espada sobre Vilcas Guaman, y en la cual se afirma: «Todos estos indios desta provincia (de Vilcas Guaman) son indios advenedizos y traspuestos por el inga del Cusco esceto los indios del curato de Guampala, Guaras Cocha y Guamanmarca, que estos son tanquiguas, naturales de esta provincia de Vilcas» (Carbajal, 1965, p. 219). Un buen ejemplo de la situación de los mitmaccuna en esta región lo encontramos en las visitas que se hicieron en el siglo XVI a la zona de Huánuco. Cuando el visitador preguntaba qué se había dado anteriormente al Tahuantinsuyo, notamos que la respuesta incluyó un altísimo porcentaje de mano de obra (cuatrocientos hombres y mujeres para hacer paredes: construcciones, andenes, depósitos, por ejemplo, y otros muchos para otras distintas tareas), no solo en proporción mayor a lo que entregaban otros grupos étnicos como los Lupacas, mucho más densamente poblados, sino también destinada a trabajar en zonas ajenas a Huánuco (Mori & Malpartida, 1967, pp. 306 y ss.). Es un argumento a favor que los hombres de Huánuco recordaron con mayor precisión en 1549 y en 1562 el número de personas que entregaban anualmente al Tahuantinsuyo, que los Lupacas en 1567. Y no solo eso, sino que en Huánuco (1549) se dio mucha mayor importancia a la mano de obra entregada al inca, mientras que entre los lupacas, aun considerando que todo tributo era en última instancia traducible en energía humana, no se insistió tan explícitamente en su entrega al estado; los lupacas dieron al Tahuantinsuyo hombres para lograr un recurso específico notable en el mismo núcleo: ropa; los Chupaychus de Huánuco dieron energía para que el Tahuantinsuyo la empleara donde quisiera. Esto se asimila mejor a la imagen del mitma, a pesar de que aún no se tiene una idea muy clara de cuáles fueron las modalidades de esta institución durante el período anterior a la invasión española, ni tampoco se comprenden bien las diferencias existentes (o no) entre lo que llamamos mitmaccuna estatales y los pobladores enviados por los señores étnicos en busca de un control ecológico, por ejemplo. No se trata aquí de un problema derivado de la deformación que el paso del tiempo hubiera causado en la memoria oral, desde que estamos empleando datos estadísticos conservados en quipus por la población y 58

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