Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

documentados es variable aunque pequeña la cantidad de energía humana que se dedicaba a conseguirlo 45 . Las crónicas nos proporcionan, además, dos informaciones que pueden ser del mayor interés. La primera se refiere a que en esta zona encontramos un mito de origen, tal vez el único, de los yanas, hombres destinados a proporcionar la totalidad de su energía al servicio del Tahuantinsuyo y su burocracia. Cierto que la institución de los yanas parece ser anterior al estado final de los incas del Cusco, y que el término estaba identificado con múltiples formas de dependencia no siempre identificables de manera aislada, y que los yanas entregaban su energía también al poder local —los curacas— como lo atestiguan múltiples ejemplos de las visitas conocidas (Diez de San Miguel, 1964, 101v, 120v; Gutiérrez Flores & Ramírez Zegarra, 1574, 35r; Ramírez Zegarra, 1575, 4v, 7r, 10v, 16v, 18v, 26v, 30r, 35v, 38v, etcétera; cf. Murra, 1975), pero lo importante es que en el caso del que hablamos, las crónicas identificaron el origen de los yanas estatales con una tradición que fuera consignada por Sarmiento de Gamboa (1947, p. 229) y por Cabello Balboa (1951, p. 347), referente a una rebelión de los Yanayacus, quienes después de haber sido sometidos violentamente por el Inca, iban a ser condenados colectivamente a muerte. La intervención de la Coya hizo que esta pena les fuera conmutada por la entrega a perpetuidad de su capacidad laboral 46 . Sin entrar aquí a discutir mayormente el mito ni la versión que lo transmite, vale la pena destacar que el relato conduce a comprender el origen —la justificación— de un tipo de mano de obra destinado exclusivamente a satisfacer las necesidades del poder. Una segunda cuestión estaría en torno a que esta región parece haber provisto un alto número de mitmaccunas (si bien aún hoy día no estamos muy seguros de los múltiples sentidos y alcances que este término encierra) para ser trasladados a otras zonas. Se trataría entonces de un modelo de colonización que hizo posible al estado acceder a un recurso básico en forma de mano de obra. Es cierto que en la zona lacustre, antes vista, el recurso básico es siempre en última instancia la energía humana, pero esta era destinada por el estado a una producción determinada en cada lugar donde se proporcionaba la misma (esto es, los pastores entre los lupacas). Ahora se trataría de obtener mano de obra básicamente útil para ser trasladada a otras regiones en las cuales escaseaba, o en las que era imprescindible para incrementar la producción. Sarmiento de Gamboa 57

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx