Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

diferentes. Las crónicas detallan cómo al realizar una nueva conquista territorial, los incas repartían ropa entre la población; la distribución de tejidos funcionaba también en las grandes festividades, y el estado requería asimismo de grandes cantidades de tejidos para donarlos, otorgarlos a los hombres que los diferentes grupos étnicos sometidos le entregaban, a su vez, para cumplir las distintas tareas productivas que el mismo estado requería a fin de obtener excedentes 42 . Aunque no es cronológicamente continua, la expansión al sur del altiplano boliviano se ve rodeada de dificultades especiales en su estudio, toda vez que la literatura de los cronistas no es tan explícita para esta región, como sí lo es cuando se refiere al Bajo Perú en general, salvo cuando se trata de determinadas áreas. Los testimonios de los cronistas son más tenues, ya que ellos dedicaron mayor atención inicial a la zona norteña. Sin embargo, muchas de las condiciones de «riqueza» señaladas anteriormente al hablar de las regiones lacustres —densidad demográfica, ganado— pueden ser vigentes en buena parte de la antigua Audiencia de Charcas, añadiendo sin duda la existencia de minerales, ya que las crónicas hacen mención a la extracción minera tanto en Charcas como en Chile (Cieza de León, 1967, p. 211, por ejemplo). La arqueología del altiplano boliviano —en términos del Tahuantinsuyo— ha comenzado ya a dar informaciones y resultados interesantes (ver por ejemplo Ibarra Grasso, 1973; Lara, 1966-1967; 1967; Ponce Sanginés, 1967) y el interés se ha extendido a los historiadores que replantean la presencia del Tahuantinsuyo en la región dentro de nuevas y más amplias perspectivas (Barnadas, 1973, pp. 14-31; Mesa & Gisbert, 1973). La presencia notoria de centros urbanos administrativos y militares desde cerca de La Paz (Iscanhuaya) hasta Cochabamba (Incallajta), pasando por Sipe Sipe (Pocona, Incararay), da testimonio de la actividad colonizadora del Cusco en la región, controlando las tierras altas y las fronteras con los Chiriguanos. Las crónicas dejaron testimonios de cruentas sublevaciones contra el dominio del Tahuantinsuyo (Sarmiento, 1947, pp. 188, 225-226) y también de los conflictos con los Chiriguanos (p. 248). El centro principal de la región podría ser Incararay (Mesa & Gisbert, 1973, p. 25), pero la afirmación de Sarmiento de Gamboa (1947, p. 248) que identifica a Incallajta como «Cuscotuyo», distrae la atención, pues si bien el cronista la denominara «fortaleza», podría remitir al «Cusco de Charcas» que mencionara Guaman Poma; si bien la información del cronista no es definitiva, es sugerente. En los mencionados centros urbanos 54

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