la investigación, la movilización temporal de mano de obra a los centros urbanos construidos por la administración cusqueña (Morris, 1973; Regalado, 1975). Los arqueólogos están de acuerdo en señalar que en el momento inmediatamente anterior a la formación del Tahuantinsuyo, hubo cierta relación entre la región del Cusco y la del lago Titicaca. Por otro lado, es evidente que los mitos conservados por la tradición oral y recopilados en las crónicas, así como también las versiones orales actuales, indican una antigua relación entre ambas zonas36. Sin ánimo de resucitar viejas hipótesis (Riva Agüero, 1931, por ejemplo) ni sus discusiones, vale la pena tener en cuenta estas informaciones que constituyen un precedente o punto de partida de intereses, ya que la primera región (al margen de los territorios vecinos al Cusco) hacia la que se puede decir que se expandió geográficamente el Tahuantinsuyo es justamente la ribera del lago Titicaca (Cieza, 1967, pp. 139-146; Sarmiento, 1947, pp. 188 y ss.). Es también conocido que después de la desaparición del Tahuantinsuyo, las tierras que rodean al lago Titicaca fueron ocupadas por diversos «reinos», aparentemente independientes y que probablemente estaban relacionados entre sí, los cuales perduraron hasta después de producida la invasión española, a pesar del Tahuantinsuyo. Estos reinos, en realidad grupos étnicos de habla aymara, son hasta ahora poco conocidos; con excepción de los Lupacas que están ampliamente documentados, poco es lo que se conoce de los otros (Pacajes, Hatuncollas; cf. Lumbreras y Amat, 1968; Lumbreras, 1974a). De la misma manera que el interés del arqueólogo tradicional se inclinó muchas veces por el monumento grandioso, el trabajo del historiador se centró en el gran estado —en realidad casi exclusivamente en el Tahuantinsuyo— y, desde la época de los cronistas, contamos con mayor información sobre este. Relatan las crónicas que luego de la victoria sobre los chancas —en buena cuenta considerada como el punto inicial del desarrollo del Tahuantinsuyo—, las tropas del Cusco se dirigieron hacia el sur e invadieron las zonas ribereñas del lago. Relató Cieza de León (1945, p. 157) cómo se recordaba en los anales cusqueños la presencia de un Cari, líder de los «Collas», término con que generalmente identificaron los cronistas a los aymaras del altiplano; sin embargo, Sarmiento destacó la guerra de los cusqueños contra Hatuncolla y su señor Chuchi Cápac (1947, pp. 188 y ss.) y, en todo caso, esto podría permitir suponer una sujeción de los Lupacas a Hatuncolla, no documentada en las visitas del reino Lupaca, 50
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