Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

económico durante el Tahuantinsuyo, manifestado a través de una contribución consistente básicamente en mano de obra 30 . Así, el Tahuantinsuyo adquirió en la historiografía, sin que nos diéramos mucha cuenta, las características de los estados europeos con sus colonias. Su administración fue amoldada por los cronistas primero y los historiadores que los siguieron después, a los criterios burocráticos que la corona española mantenía en Europa y trasladó a América. Es por ello que las crónicas nos relatan mayoritariamente una expansión incaica que introdujo en los Andes prehispánicos el modelo tan español del requerimiento, similar al que el padre Valverde leyera en Cajamarca ante Atahualpa, donde los homenajes a los conquistadores incaicos y hasta los criterios de conquista se superponen a la forma propiamente andina que los cronistas sin duda conocieron. Una vez más Europa impuso su modelo, ahora historiográfico, y los criterios europeos tiñeron de colores propios la formación, expansión y organización del Tahuantinsuyo. Sin embargo de constatar esta realidad palpable en las crónicas, no debe llamarnos la atención un etnocentrismo como este, universalmente conocido y que responde a la vigencia de patrones culturales propios del mundo originario del testigo o del recopilador de una tradición oral, en este caso europeo, e incorporados mediante una dominación ideológica en los testimonios originados en el pueblo sometido; el último es el caso de un Guaman Poma de Ayala o un Santa Cruz Pachacuti 31 . No estará de más añadir que la información recogida por los cronistas no permite considerar como seguras sus afirmaciones que atribuyen una expansión territorial a determinado gobernante, salvo quizás a Huayna Cápac32. Sabemos que no es posible atribuir a las tradiciones orales las precisiones cronológicas ni las identificaciones personales a las que el pensamiento histórico europeo nos ha acostumbrado. Las informaciones recogidas por los cronistas no tienen siempre el mismo valor. Se ha precisado la utilidad de la crónica temprana, una vez pasada la vorágine de la invasión, cuando autores españoles se ocuparon de recoger una minuciosa información, sea en el caso de cronistas que obtuvieron sus datos en la capital del Tahuantinsuyo o a base de informantes de diversas zonas distintas de esta (Araníbar, 1963; Wedin, 1963 y 1966; Pease, 1973, pp. 11 y ss.). Sin embargo, la mayor «seguridad de los datos ofrecidos por los cronistas es más fácilmente hallable cuando hablan de cosas que no requieren precisión «histórica»; a pesar de la distorsión ocasionada por el 45

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx