propio Tahuantinsuyo. Asimismo, la obtenía por medio de la absorción de mano de obra dedicada únicamente al servicio del estado (yana o yanacuna)29, y de la movilización de población hacia zonas diversas de sus lugares de origen, mediante colonias establecidas que ampliaban entonces a mayor escala los criterios manejados por los grupos étnicos para la búsqueda y empleo de recursos en zonas ecológicas diferentes, así fuera con finalidades productivas o de equilibrio demográfico. A diferencia de Mesoamérica, donde el poder parece relacionarse con una concentración de la población, en los Andes parecería ser exactamente lo contrario, pues el poder disponía —y ejercía constantemente— de mecanismos para lograr la dispersión controlada de sus súbditos. Uno de los atributos del Inca mejor precisados en las crónicas es su actividad conquistadora. Sin embargo, las crónicas no han logrado una versión coherente, como ya indicamos, sobre la sucesión de las expediciones de conquista y los gobernantes que las emprendieron. Será conveniente hacer un análisis de las expediciones y de la forma como puede entenderse el proceso de expansión del Tahuantinsuyo a partir del Cusco, considerando los modelos de expansión que se pueden apreciar en el desarrollo de dicho proceso. LAS EXPEDICIONES DE CONQUISTA Y LOS TIPOS DE COLONIZACIÓN Al ver la expansión del Tahuantinsuyo, tal como la relatan las crónicas tradicionalmente conocidas, encontramos diversos problemas relacionados con la imagen europea que los cronistas produjeron sobre el «imperio» incaico, y los criterios empleados por la historiografía europea de la época. Es evidente que los cronistas no pudieron eludir el considerar el Tahuantinsuyo como si fuera un reino europeo, y le aplicaron entonces aquellas categorías, políticas y jurídicas por ejemplo, que funcionaban en Europa. Si cuando hablaron del Inca lo consideraron como un gobernante que cumplía un papel político equivalente al del rey de cualquier país de Europa occidental, también consideraron de igual manera las formas usadas para un acceso «legal» al poder: dinastía, herencia, legitimidad, primogenitura, fueron así categorías trasplantadas a la América española. Sabemos que la lista de los incas que traen los cronistas no puede entenderse puramente como una genealogía a la europea, en la que el poder (el cargo) se heredara de padre a hijo mayor en forma excluyente. La herencia europea exigía la existencia previa de un derecho de propiedad 43
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