la de Betanzos, dejan en claro que Atahualpa era el Inca hagan (Pease, 1991, pp. 96-98, 154). El Inca invencible en el modelo ideal ofrecido por las crónicas es también un mediador en gran escala. No solo en términos de su vinculación personal con el mundo de los dioses, sino en un segundo aspecto sugerido por la función mediadora que realizaba la autoridad andina (por ejemplo, el curaca) entre las dos mitades (Hanansaya y Urinsaya) que componían los ayllus y las etnías andinas, y que las encontramos así ampliadas a una escala mayor en el mismo Tahuantinsuyo. Los curacas andinos mantenían su poder gracias al manejo de las relaciones de parentesco y de una reciprocidad asimétrica (entrega de energía humana a cambio de servicios derivados del ejercicio de la autoridad), añadiendo la redistribución de los bienes producidos por dicha energía proporcionada por las unidades étnicas. Sus funciones incluían la distribución del trabajo colectivo, la administración y el reparto del agua, la decisión, obtenida y respaldada ritualmente de dónde y cuándo sembrar, etcétera, pero sobre todo el prestigio del curaca parece derivar de su condición de mediador en los conflictos personales, en el cuidadoso tratamiento de las rivalidades entre mitades27, en su participación en la mediación limítrofe con otro grupo. Al momento de aparecer el Tahuantinsuyo y comenzar sus conquistas, podemos apreciar que los relatos de los cronistas mencionan frecuentemente la mediación del Inca en conflictos de mayor envergadura. Muchas de las conquistas surgen gracias a la oportuna mediación del Inca entre contrincantes en lucha, lo que preveía la imposición de una dirimencia suprema, al mismo tiempo que la implantación de la redistribución estatal. A lo largo de sus expediciones, el Inca repartía aquellos bienes de más alto prestigio entre la población: ropa —especialmente de llama o de camélido—, maíz, coca y mullu 28 , todos los cuales tenían importancia ritual y demandaban mucha mano de obra para obtenerse. A lo largo de los caminos y en los centros administrativos que el estado construyó, grandes depósitos estatales servían para acumular estos productos, a más de los tubérculos y alimentos deshidratados que empleaba mayoritariamente la alimentación popular. El Inca obtenía grandes cantidades de energía humana, gracias a la presión que las conquistas militares o las alianzas le permitían ejercer, y estas relaciones redistributivas eran nuevamente planteadas al aparecer cada nuevo Inca, lo que hace pensar en que cada uno de los incas creaba su 42
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