Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

manifestaba su elección (Oliva, 1895, p. 65; Cobo, 1964, p. 95; Molina, 1943, p. 22; Sarmiento, 1947, cap. xxvii; Rowe, 1963, pp. 302-308; Reichlen, 1950; Pease, 1972, pp. 82, 85 y ss.) 26 . Allí las crónicas abundan en relatos de acontecimientos que llevaron a una cruenta lucha entre dos sectores de la élite. Huayna Cápac había trasladado la sede del poder a Tumipampa, y la había fundado como un centro del mundo comparable al Cusco, desde que no solo había repetido los lugares rituales esenciales sino que, al establecerse el Inca en ella, la transformaba de hecho en un centro sagrado. Hacia el final de los años veinte del siglo XVI, Huayna Cápac enfermó gravemente. Los candidatos que propuso para sucederle fueron sometidos al oráculo solar con resultados negativos para ambos. Dicen las crónicas que cuando los sacerdotes fueron a solicitar al Inca una nueva opción lo hallaron muerto. Diversos grupos cusqueños forzaron entonces la situación y entronizaron a uno de los designados —Huáscar— que aparentemente no se había movido del Cusco y representaba mejor los intereses de la élite metropolitana, al tiempo que el otro candidato —Ninan Cuyochi— moría misteriosamente. Se menciona el intento de los cusqueños de «legitimar» su decisión casando a la madre de Huáscar con el cadáver de Huayna Cápac (Santa Cruz Pachacuti, 1950, p. 266), aunque esto parecería no tener fundamento desde que no se llegaba al poder por medio de una filiación legítima ni primogénita, pero sí ataca la tesis que fundamenta la «legitimidad» de Huáscar en su condición de hijo del Inca anterior. Sobre este asunto he añadido nuevas opiniones (Pease, 1991). Las crónicas relatan también que poco después de la toma del poder por Huáscar en el Cusco, se desató un conflicto entre dicho gobernante y Atahualpa, líder de Tumipampa, la ciudad privilegiada por Huayna Cápac. Triunfante Huáscar y preso Atahualpa en Tumipampa, este último recibió una revelación solar, apareciéndosele Amaru Inca Yupanqui (Amaru = Serpiente), el primer sucesor de Pachacuti según los relatos de las crónicas, que le transmitió la designación de Inca a nombre del sol, convirtiéndolo luego en serpiente y permitiéndole escapar de su prisión a través de un agujero subterráneo (Oliva, 1895, p. 65; cf. Pease, 1972, pp. 107-108). Habiendo transitado por el mundo de los muertos, Atahualpa fue reconocido como Inca por la población, y desde allí solo tuvo victorias en su conflicto con Huáscar: el Inca no podía ser vencido. La tradición oral posterior a la invasión española ha convalidado esta situación al identificar a Incarrí con Atahualpa. Además, las nuevas versiones de crónicas, como 41

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