Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

se transformaran en soldados invencibles (Santa Cruz Pachacuti, 1950, p. 238; Cobo, 1964, II, pp. 75, 161). Apreciamos en los textos mencionados, tanto de crónicas como en la mitología aún vigente, la creencia de que el Inca tiene poderes para mover las piedras, para romper con ellas la tierra, para distribuirlas en paredes y en la confección de andenes, para volverlas maleables con su solo contacto. Estas informaciones tienen una confirmación importante en la documentación administrativa del siglo XVI español, especialmente en las visitas realizadas para los cómputos de población tributaria. Cuando los visitadores de Huánuco en 1549 preguntaron a los hombres andinos qué entregaban antes a los incas en términos tributarios, ellos respondieron entre las principales cosas «cuatrocientos hombres y mujeres para hacer paredes...» (Mori & Malpartida, 1956, p. 306). Los actuales estudios de Murra precisan la importancia que tenía la energía humana que se entregaba al poder (1975), así como el uso que se daba a parte de la misma en la construcción de habitaciones en los centros urbanos y administrativos, caminos, andenes, acequias de regadío y depósitos, por ejemplo. Pero la transformación del mundo humano ingresa también entre las facultades del Inca, ya que se le atribuyen los movimientos de gente destinados a equilibrar la relación hombre-tierra, colonizar y controlar la población sometida al Tahuantinsuyo (los mitimaes o mitmaccunas). Trasladando una imagen europea, los cronistas modificaron sin duda las tradiciones orales andinas, dejando la impresión de la existencia de un sistema de herencia basado en la primogenitura y la legitimidad, soportadas ambas por un matrimonio monógamo. Cada Inca aparecía como jefe de una de las panacas o grupos de parentesco cusqueño, y debemos entender que todas ellas funcionaron en forma simultánea. Aunque puede discutirse todavía cómo era seleccionado el gobernante y cuáles de las panacas podían proveer los candidatos al poder, disponemos de un ritual de iniciación en diferentes regiones del Tahuantinsuyo. Figura inicialmente un sistema de elección entre dos candidatos, que las crónicas consideraron a partir de los tiempos atribuidos al Inca Pachacuti donde, prácticamente en todos los casos conocidos, hay una lucha por el poder entre ambos candidatos, que sugiere un combate ritual (¿entre mitades?). Pero solamente en la designación de los dos últimos incas de la genealogía oficial conocida podemos encontrar un expreso ritual de nominación cuando, poco antes de morir, Guayna Cápac designó dos candidatos que debían ser sometidos al ritual oracular de la callpa, mediante el cual Inti 40

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