agropecuarios y minerales que la población empleaba. Esto es visible en las preguntas de los interrogatorios que se hicieron para las visitas ordenadas por Gasca, por ejemplo (1549), y que ya mencionamos. En ellos encontramos que los visitadores buscaban establecer listas comparativas de aquellos bienes entregados al Inca y al encomendero, saltando a la vista un primer instrumento de desestructuración (y una aproximación a estructuras previas) cuando se trató de medir el tributo insistiendo específicamente en la entrega de bienes, dejando en un segundo lugar a la energía humana que primaba entre los recursos básicos de los señores étnicos y del Tahuantinsuyo. Al registrar las unidades étnicas, las parcialidades (hanansaya y urinsaya), los ayllus y el comportamiento de los dirigentes en todos los niveles, las visitas hacen posible el estudio de la población organizada, fácilmente proyectable a épocas anteriores incluso al Tahuantinsuyo, pues hacen al mismo tiempo evidente que la presencia de este estado no destruyó casi nunca estas organizaciones. Permiten precisar (al mismo tiempo que otros papeles de la administración) los recursos que obtenía la población y la manera como los hacía suyos, ejemplificando abundantemente la organización andina para el trabajo común, así como los mecanismos que hacían posible disponer de sus frutos, a más de obtenerlos (reciprocidad y redistribución). Al precisar mejor el papel de los curacas y permitir acercarnos mejor a su jerarquización, nos llevan de la mano a las relaciones del poder. Al reevaluar las diferencias regionales y locales a todo nivel, nos permiten obtener múltiples imágenes de las economías, organizaciones, estructuras y procesos que matizan la historia andina, lo cual permitirá sustentar una visión diferente y tal vez más justa del Tahuantinsuyo y su relación con las diferentes unidades étnicas repartidas por el territorio andino. Es este conjunto de materiales el que nos va conduciendo ahora, además de la crónica clásica, hacia una historia andina del Perú, que no involucre solo la historia del poder (terrateniente o señorial, comercial o burocrático) sino que busque sobre todo las unidades menores y autosuficientes: los grupos étnicos pre y post hispánicos, que tal vez están más cerca de (más dentro de) la nación que el poder estatal y urbano tantas veces alejado después del siglo XVI, cuando no impuesto a lo humano y a lo andino en el Perú. Es importante el análisis de los grupos étnicos; en ellos son mejor observados (por ahora, al menos) los elementos constitutivos de la originalidad del hombre andino, son más visibles sus relaciones de 35
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