Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

Desde las primeras visitas realizadas (Cajamarca y Jayanca, 1540, entre las editadas), se hizo patente la búsqueda de información demográfica, destinada por un lado a graduar las tasas tributarias; a lo largo de las visitas conocidas debieron perfeccionarse las técnicas empleadas para ello, desde que podemos ver en un caso como el de Chucuito (donde se dispone de visitas entre 1567 y 1585-1589) cómo los sucesivos recuentos de los visitadores nos van dando cifras crecientes sobre la población del área que «sube» de 15 440 a 16 808 entre esos años, aunque en la visita toledana había alcanzado un máximo de 16 953 habitantes, cifras todas que incluyen a los aymaras y los urus de Chucuito. Es posible que este «crecimiento» no sea entonces tal, y que en buena cuenta estemos frente a una doble situación: la presencia tardía de la crisis demográfica en la región y la introducción de la mita y el movimiento de población ocasionados por ella (ver el capítulo 3). Las visitas de Chucuito se dedicaron, sin embargo, prioritariamente al núcleo, más importante demográfica y políticamente. Muy poca es todavía la información que se posee sobre las zonas marginales de la costa —entre Arequipa y Tarapacá — y de las tierras ubicadas al este del Titicaca, en actual territorio boliviano. Los informes que proporcionan los estudios de Thierry Saignes en la región de Larecaja permiten entrever la riqueza del material administrativo y conforman la importancia de la combinación de técnicas históricas y etnográficas para el estudio de los grupos étnicos andinos reclamada por Murra (1975, cap. 12). Al mismo tiempo que se hacía la visita de Chucuito, la Audiencia de Lima comisionaba a Gregorio González de Cuenca para que visitara Trujillo, Huánuco, Chachapoyas y Piura; solo conocemos algunos informes fragmentarios de la primera (Cuenca, 1567a, 1567b y 1567c); los originales debieron ser abultados y su hallazgo será particularmente importante. Cuenca hizo ordenanzas para los tambos de Huamachuco, reglamentando la contribución de energía humana de la población, y discutió en su correspondencia distintos problemas sobre la tributación y las facultades de los visitadores, dejando entrever una sorda polémica con Domingo de Santo Tomás y los dominicos sobre asuntos referentes a los señores étnicos, su situación y sus relaciones con la población, así como sobre los yanas y el modus operandi del sistema tributario colonial; confirmando el mejoramiento de las técnicas para el recuento de los pobladores, llegó a acusar a los frailes (dominicos, sin duda, con Domingo de Santo Tomás a la cabeza) de 32

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