Luis Palomino (Archivo Histórico del Cusco. Siglo XVI. Documentos adquiridos Nº 1 DA-J. 42 fs.). Conocemos la visita que mandó hacer el mismo virrey Toledo a la provincia de Los Reyes (fragmento: Martínez Rengifo, 1963), las informaciones de Jauja y Guamanga (Levillier, 1940) y los resúmenes generales que se hicieron en tiempos del virrey Martín Enríquez (Málaga, 1974a; Cook, 1975), si bien Málaga solo ha publicado la parte arequipeña y Cook la correspondiente a La Plata, La Paz, Cusco, Arequipa y Guamanga. Conocemos también los documentos de la visita de Chucuito (ver posteriormente el capítulo 3). No están publicadas las visitas toledanas (extractos de Colán y Paita, información que agradezco a María Rostworowski), ni la de Diego Velázquez de Acuña a Cajamarca, que debió de hacerse en 1571 para deslindar pleitos locales originados en la encomienda de Melchor Verdugo, donde más adelante el propio virrey encargó otra visita dentro de la general que dispuso para el virreinato 16 . Con relación a otras regiones, están publicadas las visitas hechas por Cristóbal Ponce de León a la etnia de Conchucos en Áncash (1974), la de Diego Álvarez a Huaraz (1969); Waldemar Espinoza proporciona información sobre varias visitas sucesivas a Cajamarca (1967a); conocemos otras más de Collaguas (Pease, 1977) sin olvidar la de Acarí (Rodríguez de los Ríos, 1973). Para el actual territorio boliviano conocemos las visitas de Pocona (1970) y Songos (Murra, 1975, pp. 101 y ss. 17 ; Golte, 1970; Murra, 1991). Hay, de otro lado, las instrucciones para las visitas toledanas (Toledo, 1924). Queda, a pesar de esta lista incompleta, mucho por conocer 18 . Se trata de documentos menos «voluntarios» que las crónicas. Al mantener su carácter burocrático, las visitas gozan de la ventaja que les otorga la «frialdad» del cotidiano quehacer administrativo: quienes las hicieron eran funcionarios que cumplían su oficio y ganaban su salario día por día, sin una participación más directa en los acontecimientos o las situaciones de las que dejaban constancia (al menos en términos generales, ya que otras veces fueron los corregidores los encargados de este trabajo). Los visitadores reunían así una información de acuerdo a cuestionarios previamente elaborados bajo instrucciones que venían de España y que algunas veces eran preparados en la misma metrópoli. Silvia Vilar (1970) ha analizado cuidadosamente los interrogatorios y las relaciones que ellos motivaron para la Nueva España; Céspedes del Castillo (1946) hizo una revisión general del problema planteado por las visitas. 31
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