Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

entregas de la visita realizada a la región de Huánuco por Íñigo Ortiz de Zúñiga en 1562. Las visitas comenzaron a hacerse apenas inaugurada la vida colonial, y de ello tenemos testimonios tempranos a partir del mismo Pizarro, pues por su orden se hicieron las primeras en 1532 en Piura (cf. Espinoza, 1967a, p. 2). En 1535 se encomendó al obispo de Panamá, fray Tomás de Berlanga, que se informe sobre los tributos que pagaban y podían pagar los hombres andinos (Porras, 1944, I, p. 130). A mediados del año siguiente se encargó a Pizarro y al obispo Valverde visitar a los pobladores y reevaluar los tributos a fin de que la gente no desapareciera como sucedió con los habitantes de las Antillas y Panamá (Porras, 1944, II, pp. 173-177, 193195). Esta disposición comenzó ejecutarse en 1540 y se trató en buena cuenta de la primera visita general a los Andes. Interesaba una descripción de las tierras que el curaca controlaba, así como el empadronamiento de la gente (las descripciones generales continuaron con largo aliento desde la década de 1580, con las relaciones geográficas que fueron compiladas por Marcos Jiménez de la Espada). A partir de 1540 se ampliaron entonces las visitas y se comenzó a encuestar a los curacas con mayor detalle y en busca de una información demográfica, al mismo tiempo que se interrogaba sobre demarcaciones territoriales y producción, tributación durante el Tahuantinsuyo y mecanismos de control del poder. Conocemos hoy dos testimonios de las visitas de 1540: uno de Cajamarca (Espinoza, 1967a), enriquecido con el interrogatorio que lo presidió; el otro de Jayanca (Trujillo), que refiere la visita hecha por Sebastián de la Gama (1974) y que incluye fundamentalmente una enumeración de pueblos, casas y gente, precisando dependencias y relaciones entre curacas —dentro y fuera de Trujillo— y que aparentemente podría no responder estrictamente al cuestionario empleado en Cajamarca. Buen argumento y buena oportunidad que los dos testimonios más antiguos que conocemos de las visitas nos lleven de la mano por las tierras altas andinas y por las costeñas. Parecería que los españoles del XVI hubieran logrado una clara medida de la importancia que reviste la complementariedad «territorial» (ecológica) de los Andes, que derivaba ya de su experiencia andina, una intuición territorial como la que Porras destacaba en Pizarro, empleando algunas frases de sus últimas cartas, cuando reclamaba tanto [...] su intuición geográfica del Perú y de la unidad indivisible de las dos absurdas gobernaciones de Nueva Castilla y Nuevo Toledo... «Si me quitan las Charcas e 26

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