Andes. Después de que la Casa de la Cultura del Perú editó en 1964 la visita de Diez de San Miguel a Chucuito, las preguntas se ampliaron (Murra, 1975, cap. 7) y la visita como institución y como pesquisa se ha convertido rápidamente en un tema central de investigación donde han concurrido intereses y entusiasmos de historiadores, etnólogos y arqueólogos en busca de un conocimiento común de lo andino. Los estudios de Murra, Espinoza, Wachtel y otros, se añaden entonces al inicial de Helmer, dando pie a trabajos interdisciplinarios como los dirigidos por Murra en Huánuco (1966) y que acompañaron a la edición de la visita de Íñigo Ortiz de Zúñiga a esa provincia (1967-1972) y también al seminario sobre reinos lacustres dirigido por Lumbreras y Murra en 1973. Las informaciones administrativas que llamamos visitas incluyen diversos tipos de instrumentos burocráticos, orientados siempre por un interrogatorio previo, de cuya motivación dependió en buena cuenta el sesgo que tomó la visita resultante. La administración empleó visitas para obtener información sobre los territorios y sus habitantes, para regular los tributos y organizar el envío de funcionarios, para precisar los límites jurisdiccionales; también las usó para observar el funcionamiento de su propia maquinaria de poder. Las visitas se iniciaron, además, en torno a procesos judiciales entre encomenderos o hacendados sobre límites de sus respectivos beneficios o propiedades; las hubo asimismo motivadas por pleitos entre los señores étnicos. Un ejemplo de las visitas iniciadas a raíz de pleitos de jurisdicción entre distintos curacazgos lo encontramos en los documentos estudiados por María Rostworowski (1970) relativos al conflicto entre los curacas de Collique y Canta. El expediente promovido entonces hace posible una aproximación a la vida campesina de ambas zonas desde antes del Tahuantinsuyo hasta el siglo XVI. Otro ejemplo sumamente importante es el conjunto de memoriales, visitas e informaciones sobre el señorío de Leimebamba y Cochabamba publicados por Waldemar Espinoza (1967b), gracias a los cuales se llega a la consideración de diversos pobladores de esa unidad étnica, aún dentro del Tahuantinsuyo, en relación con el acceso al poder local, los yanas, la vinculación con el poder cusqueño, así como también en torno al apoyo de la gente del área a los españoles contra el Cusco. Los grupos étnicos motivaron visitas cuando su población disminuía durante la crisis demográfica del XVI andino, y solicitaban un reajuste tributario o del número de mitayos que entregaban a la mina o a otros menesteres; también recurrieron a la autoridad española en su lucha cotidiana con el hacendado, 24
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