que una alianza, el empleo de la terminología de las probanzas destinadas claramente a obtener una «merced» real. 98 Los estudios de Tord (1974a, 1972b y 1972c) para el siglo XVIII especialmente, permiten ver hasta dónde el tributo significó en ese momento una mayor presión para la población andina. Tal cosa sucedió, obviamente, después del cambio de énfasis tributario ocurrido entre los gobiernos del Conde de la Monclova y Duque de la Palata, a fines del siglo XVII. 99 En la primera edición de este libro pensaba que el tributo era la mayor presión que había soportado el poblador andino. Hoy puede verse, gracias a la documentación de las Cajas Reales, que tal cosa no es enteramente cierta. El tributo indígena no fue el primer rubro de los ingresos españoles, y otros rubros más importantes podían ejercer mayor presión sobre los pobladores andinos que la renta tributaria (Pease & Noejovich, 2001). 100 También el mullu (Spondylus), aunque por poco tiempo, pues al descubrirse el «valor» que le otorgaba la población andina —fundamentalmente ritual— le alcanzaron las interdicciones referentes a las «idolatrías» (cf. Murra, 1975, pp. 255 y ss.). Duviols anota su mención en el Taqui Oncoy (1971, pp. 114, 239). Rostworowski (1970b), añade importantes reflexiones en torno al tráfico del mullu desde las aguas tibias de la costa ecuatoriana (península de Santa Elena) hasta Chincha, desde donde se distribuía por distintas zonas altoandinas. La visita de 1549 a Atico y Caravelí, hecha por orden de Gasca, proporciona nueva información (Archivo Departamental de Arequipa, Corregimiento 1). Sobre este asunto he añadido nueva discusión en Pease (1992a, pp. 45-67). 101 Al margen de las conocidas informaciones proporcionadas por los documentos de Chucuito (Diez de San Miguel, 1964; cf. cap. 3 de este libro), puede hallarse numerosa documentación notarial (por ejemplo Zevallos, 1973), o de libros de Cajas Reales (Archivo de la Casa de Moneda, Potosí) que incluyen numerosos asientos sobre la entregas de ropa por las provincias que enviaban mitayos y enteraban su tasa en Potosí con el Cusco y Arequipa). Por cierto que la numerosa documentación de tasas y retasas considera, en las zonas ganaderas, una numerosa información al respecto. 102 Rostoworoski (1973) ha llamado la atención sobre el cultivo de la coca en las partes altas de los valles de la costa peruana. Concluyó que coca fue una voz de origen aimara (la voz quechua fue mamosh o mumush para la coca selvática y ttupa para la de la costa alta). La importancia de la coca para el sistema español es considerada detenidamente por la autora (cfr. también Pease, 1969). 103 En esta línea de preocupación se encuentran algunos estudios en proceso, como el que realiza Magnus Mörner en torno a la zona rural cuzqueña; en el Nº 9 de Historia y Cultura aparecerá «Continuidad y cambio en una provincia del Cusco: Calca y Lares, desde los años 1680 hasta 1790», y por una gentileza de dicho autor, he podido conocer el manuscrito titulado «Perfil de la sociedad rural del Cusco desde los años 1680 hasta fines de la colonia», basado en novedosa documentación. También deben mencionarse aquí los trabajos que han realizado Scarlett O’Phelan sobre los movimientos campesinos en el siglo XVIII y Alberto Flores-Galindo, también para la zona sur. 104 Según la carta que el duque de la Palata remitió al rey el 19 de febrero de 1698, resultaba que «de los 61 581 tributarios encontrados en las 16 provincias [sujetas a la mita] del Cusco y Arequipa, cerca de la mitad eran forasteros». La inclusión de este segundo segmento de la población indígena suponía pues para la Hacienda Real una 212
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