Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

ampliación importante de la capa sujeta a tributación, al mismo tiempo que podía representar un alivio para los originarios que siempre habían abonado tasa» (SánchezAlbornoz, 1973a, p. 9). 105 Además de los estudios de Ramos (1967) y Febres Villarroel (1964), se han ocupado de las crisis agrícolas en la colonia Bonilla y Spalding (1971) y Céspedes del Castillo (1947). Marcello Carmagnani (1969, p. 11) ha llamado la atención sobre la importancia de la demanda triguera peruana en el crecimiento económico de la región de Santiago de Chile, y Burga y Flores-Galindo (1975) critican las opiniones de Febres Villarroel en cuanto pensaba una continuidad de la crisis entre la triguera del siglo XVII y la del XVIII; en todo caso, es un tema que requiere todavía de mayores precisiones. 106 A partir de 1978 se ha avanzado mucho en este rubro; la participación andina en el mercado europeo adquiere otros ribetes (cfr. Pease, 1992, pp. 149-180; y Glave, 1989, por ejemplo). 107 Diversos informes del siglo XII dejaron la impresión de falta de mano de obra para el trabajo minero, pero tal vez las cosas no son tan claras. Carrió de la Bandera (1966) afirmaba de un lado que sobraba mano de obra a fines del XVIII (nada sabemos del siglo anterior), por ejemplo en Juli, donde las cuatro iglesias jesuitas tenían 300 «sirvientes»: «Que de cerca de trescientos sirvientes sobran y mantienen los indios más de 190 que pudieran componer un competente pueblo de agricultores y útiles artesanos» (p. 57); también añade: «un prodigioso número de muchachos que furtivamente pasan de los pueblos a las ciudades» (p. 53) y, más adelante, se queja de que el Cusco no tenía «indios de servicio». ¿Qué pasó entre el censo del duque de la Palata y el final del siglo XVIII? De otro lado, Feijóo pensó que había poca gente, aun para las minas (1952, p. 347), pero su razonamiento parte de la disminución de la población desde Gasca y no necesariamente de una comparación entre los requerimientos de mano de obra del momento y el número de habitantes o de tributarios. Pero toda esta discusión, así como las opiniones de José Ignacio de Lecuanda, colaborador del Mercurio Peruano, pertenece a un momento en que ingresó nuevamente en crisis el mundo urbano y occidentalizado en los Andes. De hecho, el virrey Amat indicó una producción en una larga baja para Potosí (Fisher, 1975). 108 Por ejemplo, la participación urbana es clara en el caso de Lorenzo Farfán de los Godos, en el Cusco, y en los primeros meses de 1780 (Lewin, 1957, pp. 162 y ss.) y, por cierto, la participación urbana en la rebelión de 1814. 109 Franklin Pease G.Y. Fragmento inédito del texto leído en el Coloquio «Histories and Identities in Andean America» (Critical History Workshop in Andean Studies), Center of Latin American Studies, University of Florida, Gainesville (14-IV-1997). 110 Ver: http://archivo104.blogspot.com/2011/07/expolio-de-libros-en-peru-labiblioteca.html 111 Ver: http://www.larepublica.pe/09-09-2013/tacna-detectan-falta-de-233-libros-enla-biblioteca-de-basadre 112 Ver: http://www.andina.com.pe/espanol/noticia-suscriben-convenio-para-reactivarbiblioteca-jorge-basadre-tacna-485755.aspx#.UuqTG_l5Ne8 213

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