Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

Pero el desarrollo de las investigaciones, desde que John H. Rowe (1946), estableció una extraordinaria versión estandarizada del pasado andino ha permitido extender la búsqueda hacia nuevas fuentes escritas durante la colonia y considerar seriamente una reevaluación de los problemas planteados por los cronistas, con nuevos criterios proporcionados por el desarrollo de las ciencias sociales, en una perspectiva que intenta ser más andina. Hace ya años, María Rostworowski de Diez Canseco abrió nuevas perspectivas para estudiar a los incas, introduciendo novedosas hipótesis sobre el acceso al poder durante el Tahuantinsuyo (1953 y 1960). Posteriormente, la misma autora incorporó nuevos estudios y planteamientos basados en documentación colonial diferente de las crónicas, como son los juicios y papeles diversos sobre las tierras y sus composiciones 12 , al mismo tiempo que Waldemar Espinoza comenzaba a publicar documentos regionales de especial interés (véase la bibliografía). Cuando en 1964 John V. Murra y el propio Espinoza publicaron la Visita hecha a la provincia de Chucuito por Garci Diez de San Miguel (1567), se estableció definitivamente un nuevo campo de información andina, cuya presencia obligó a una serie de replanteamientos que afectaron incluso a la visión del Tahuantinsuyo. Las visitas y los documentos judiciales de la administración colonial resultan ser nuevos términos de información también para los incas, desde que proporcionan una versión regional del proceso incaico solo comparable (y aún mejor, muchas veces) a la ofrecida por las Relaciones geográficas de Indias; pero reviste un especial interés el hecho de que al mismo tiempo se volviese a tomar noción del valor que significaba para los estudios andinos en general la colaboración interdisciplinaria. En la década de 1930, Luis E. Valcárcel aportó los primeros resultados de una estrecha colaboración entre la arqueología y el manejo de las crónicas en el Cusco. Esa tendencia se retomó y amplió cuando comenzaron a estudiarse las visitas y otros documentos regionales, con la perspectiva aunada —y la práctica específica— de etnólogos y arqueólogos 13 . De los resultados del análisis conjunto de los materiales burocráticos mencionados se obtiene también una experiencia notable para la reinterpretación de las crónicas, reclamada reiteradamente por los especialistas. Podemos entonces acercarnos al Tahuantinsuyo con perspectivas más amplias, pues si bien las crónicas proporcionan un esquema ideal con relación a la «historia» del 20

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