Los mitos que recogieron los cronistas de labios de los pobladores andinos requieren entonces de un análisis que no puede realizarse en tanto consideremos a las crónicas como fuentes «escritas» cuyos «datos» pueden comprobarse entre ellas mismos, ya que no están estructuradas de acuerdo a criterios históricos. Se acepta, en el estado actual de las investigaciones, que los mitos proveen de una información valiosísima en torno a la estructuración de la sociedad y que proporcionan los patrones que rigieron la vida de las sociedades que los crearon. Por ello son insoslayables en una perspectiva histórica desde nuestro presente. Sin embargo, aunque no nos ofrecen una imagen necesariamente diacrónica de los acontecimientos y de los personajes que intervinieron en ellos, sí nos proveen en cambio de un orden y una jerarquía de los modelos ejemplares con los cuales el testimonio oral de la población relacionaba los hechos de todos los días. Al encontrarse en las crónicas dichas categorías y arquetipos, debemos entonces ser conscientes de que su ordenamiento y función solo pudieron ser vistos «históricamente» a raíz del nuevo ordenamiento que hicieron los cronistas con la información que les fue proporcionada. Por ello no sorprende encontrar «contradicciones» abundantes en las crónicas, del tipo que se mencionó más arriba. Sí encontramos coherencia, en cambio, en torno a la información sobre los lineamientos generales de las conquistas y el orden en que fueron hechas. Casi podríamos delinear un ordenamiento común en los cronistas en lo que se refiere a las conquistas mismas, aunque no se podría estar muy seguro de si el orden de las conquistas responde también a un ordenamiento ritual de la información. Si las crónicas son en realidad relatos de mitos, requieren sin duda de un contexto ritual, con referencia al cual el relato adquiere sentido. Tal como veremos más adelante, la expansión del Cusco se inició hacia el sur, al lago Titicaca; después de la victoria sobre los chancas continuó hacia el oeste y, finalmente, se dirigió hacia el norte, saliendo siempre las expediciones del Cusco y dejándonos la imagen de un movimiento acorde con las agujas de un reloj, que fuera iniciado míticamente cuando Manco Cápac —o el arquetipo solar, Pachacuti— hizo las primeras «conquistas» en rededor del Cusco 11 . Una vez realizada la «primera vuelta», notamos en las crónicas recorridos similares en iguales direcciones, configurándose de esta manera —según las mismas crónicas— antes que una «historia» de los incas y de sus conquistas, un ordenamiento ideal organizado bajo categorías míticas. 19
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