69 Cabe añadir que las visitas publicadas sobre la costa inciden en que ningún grupo costeño tributó soldados (véase, por ejemplo, Carbajal & Rodríguez, 1977). 70 Los mencionados estudios de Espinoza no se refieren al Chimor, sino a la región de los Huancas; sin embargo, su argumentación sería pertinente. 71 Alejandro Camino (1977) ha vuelto a llamar la atención sobre la penetración andina en las tierras bajas situadas al este de la cordillera; no por ser el ámbito de su estudio el Cusco, pierde interés, sino al contrario. 72 El pleito original no se refiere tanto a esto, sino al empleo de nuevas fórmulas sucesorias en un proceso de aculturación jurídica. 73 Ciertamente, la figura del yanacona colonial ha servido como punto de partida para la categorización de su antecedente prehispánico, otorgando a este los contornos de esclavitud que lo acompañan en la literatura; de hecho, hay casos visibles de yanaconas coloniales que fueron esclavos antes de obtener el estatus de yanaconas, al menos en el siglo XVI; el 30 de marzo de 1591, Juan de Jáuregui, residente en la villa de Oropesa, vendió a Diego Inga, residente en Juli, una mujer «de naçión chiriguana nombrada Yamonda de hedad de diez y ocho años... la qual se uende por esclaua perpetua... y la otra [mujer, que vendió el mismo]... es de naçión chane nombrada Yndupa de hedad de ueynte años... la qual uendo por esclaua por diez años y estos cumplidos queda por yanacona perpetua como se declara en las dichas prouisiones...» (Archivo Departamental de Moquegua, Protocolos Notariales de Diego Dávila, 1597-95, fs. 100 y ss.). 74 Si, como se afirma, no hubo división dual entre los Chachapoyas (Espinoza, 1967b, pp. 232-233), ¿por qué ocurre, entonces, una pugna entre dos autoridades competitivas?, como aparecería de la misma documentación; se puede discutir la ausencia de la dualidad, pero habría que responder al interrogante diferente de por qué parecería predominar en la región sur la fórmula hanan-urin, mientras que en la región norte, incluida Chachapoyas, predomina allauca-ichoc. Interesa ver más la complementariedad que la oposición, que en la zona aymara se expresaría en uma-urcu. Lo que no se ve en la documentación publicada sobre Chachapoyas, es la institucionalidad que garantice la estructura de poder, lo cual no significa necesariamente la inexistencia de esta última. Justamente, el hecho de que a consecuencia de los repartimientos coloniales, cada una de estas circunscripciones pasara a ser gobernada por un curaca, independientemente de los demás, deja en pie la posibilidad de una estructura política anterior (cf. Espinoza, 1967b, pp. 272-273; Ravines, 1973). 75 Este ensayo fue leído en el Seminario Internacional de Arqueología y Etnohistoria Andina (Arequipa, Arica, La Paz, Puno, 1973) y publicado originalmente en Historia y Cultura, 7, Lima 1973. Se ha revisado y añadido notas sobre los visitadores de Chucuito, publicadas inicialmente en el Nº 4 de la misma revista (1970). 76 Ver Cuadernos de Investigación: Antropología, 1 (Huánuco, 1966), así como los estudios publicados en los dos volúmenes de la edición de las visitas de Huánuco (Ortiz de Zúñiga, 1967-1972). 77 Ultimamente está realizando estudios sobre los urus de Chipaya Nathan Wachtel (1997), quien ha ampliado los horizontes de Métraux (1935-1936). 78 John Murra, comunicación personal. 79 Murra (1970, por ejemplo) ha precisado los alcances de la generación que actuó 208
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