Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

el control simultáneo que ejercían varias etnías lacustres en la costa, no hay razón para suponer que diferencias de contenido cultural representaban necesariamente épocas diferentes. No me extrañaría si encontrásemos en un solo valle asentamientos de diversos antecedentes, sin ninguna estratificación establecidas ‘en los llanos’ por núcleos contemporáneos entre sí, pero diferentes en su equipo cultural» (Murra, 1975, p. 76). Cf., además, los trabajos arqueológicos citados allí por Murra y las anotaciones de Trimborn (1973 y 1975). En el último, este autor precisa, sin embargo, las migraciones de Sama de «grupos aymara que procedían de la orilla occidental del Titicaca» (p. 57); ello confirmaría ahora arqueológicamente la sugerencia inicial de Murra que eran «serranos los pobladores de las “islas” controladas por Chucuito. Ya en 1964 abrigamos la sospecha de que muchos, si no todos, eran serranos» (pp. 206-207, n. 16). En el mismo sentido se había pronunciado años antes Rómulo Cúneo Vidal. 55 De otro lado, el hecho verificado de que el control ecológico «vertical» es muy anterior al Tahuantinsuyo, hace ver que la sugerencia de Fuenzalida de que el Tahuantinsuyo era en realidad un «paraguas» protector, podría ser válida solo en los casos en los que el mismo Tahuantinsuyo hubiera creado sus propios recursos, por encima de las unidades étnicas; el «paraguas» protector podría reducir, entonces, el conflicto en razón del interés estatal. Además de insistir aquí en la antigüedad del control vertical, valdría la pena llamar la atención sobre que no sabemos bien cómo se interdigitaban las relaciones en las «islas» periféricas, en las que funcionaban diversos grupos, el caso de Cochabamba nos demuestra aparentemente lo que ocurría bajo el Tahuantinsuyo, pero no sé si podríamos estar demasiado seguros de que la precisión documental en torno al Inca y al reparto de tierras por este a mitmaccuna de diversas etnías pudiera ser en realidad una forma de «legalizar», bajo el manto estatal, viejas prácticas manejadas por las unidades étnicas antes del Tahuantinsuyo y reorganizadas por este al añadir la necesidad de un recurso especial para el estado. Sin negar la evidencia del manejo que el Tahuantinsuyo realizaba en el área, es menester recalcar también que los Lupacas, por ejemplo, mantuvieron su producción en Cochabamba al margen del Tahuantinsuyo, pero suponemos que se trata de tierras y gente diferentes de las mencionadas en el documento de 1556 (Morales, 1977). 56 Se indica aquí también que a Juan de San Juan le dieron entonces lo que dejó Alonso de Cáceres; no es completa entonces la información del canónigo Martínez que consideró a Juan de San Juan únicamente encomendero en Ocoña y Cayma (Martínez, 1963, p. 177). 57 Incchenchura o Inchura es el pueblo de San Benito de Tarata, en el actual departamento de Tacna («Los indios mitimaes de Chucuito. Provisión que el Virrey Conde de Alba le despachó del tributo que an de pagar en cada un año, los que residen en el pueblo y valle de Zama, términos de la ciudad de Arica». Arica, 14-III-1661. Archivo del Museo Nacional de Historia. Relación correspondiente a Arequipa Nº 058). 58 Los mitmaccunas eran los hombres movidos por el estado a trabajar en las regiones alejadas de su lugar de origen; también los había enviados por las unidades étnicas. Mittani eran los que cumplían una mitta o turno de trabajo, energía entregada a la autoridad estatal o local. Al parecer la diferencia entre mitmaccunas y mittanis podría estar en la permanencia, estable en los primeros, temporal en los segundos. 59 Se ha mencionado el juicio entre dos curacas, donde uno quería legalizar en tiempos coloniales la primacía alcanzada —según su afirmación— desde «tiempo inmemorial»; 205

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