Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

Apu Cari. Parece ser cierto que en la relación «tributaria» establecida por el Tahuantinsuyo, los habitantes de la sierra entregaban hombres para el ejército, mientras que en la costa no sucedería lo mismo, como menciona por ejemplo la visita hecha por orden de Gasca en Atico y Caravelí en 1549. 42 Un ejemplo sobre los depósitos, mencionado por Pedro Pizarro: «Contaré agora de lo que en este Cusco había cuando en él entramos, que eran tantos los depósitos que había de ropas muy delicadas y de otras más bastas [...] de plumas había depósitos de unas plumas tornasol verde dorado; era la pluma muy menudita que criaban unos pajaritos que son poco mayor que cigarras, que por ser chiquitos los llamaban pájaros comines; crían estos pajaritos solamente en el pecho esta pluma [...] que sería poco más que una uña donde la tienen; había tanto de ello hilado en hilo delgado muy compuesto alrededor de unos corazones de maguey, hechos de trozos de más de un palmo, metido todo en unas petacas; de esta pluma hacían vestidos que ponía espanto donde se podía haber tanta cantidad de este tornasol» (1965, p. 195); el texto continúa con una larga y detallada descripción. Craig Morris ha hecho un interesante estudio sobre los sistemas de almacenamiento y depósitos durante el Tahuantinsuyo (1972). Y en otro trabajo leído en 1973, el mismo autor ofrece una imagen clara sobre la importancia de la ropa en la expansión del Tahuantinsuyo (mss. inédito, cortesía de Craig Morris). Murra ofreció asimismo un análisis de la importancia de la ropa tejida en la economía de los pueblos andinos, y de su uso para repartos estatales de diversa índole (1985, p. 158). 43 Sarmiento de Gamboa (1947, pp. 192 y ss.) extendió, sin embargo, las expediciones hasta Cajamarca y el reino del Chimor, usando una información común a otros cronistas, que resume sin duda alguna varias campañas, cuya precisión cronológica o geográfica es imposible actualmente por naturaleza particular de la información oral que los cronistas recopilaron y transformaron. 44 La importancia de los depósitos de Jauja puede verse a través de los documentos publicados por Espinoza (1971); sobre los de Huánuco, ver los estudios de Morris y Thompson (en Ortiz de Zúñiga, 1967-1972). En 1547, Polo de Ondegardo alimentó 2000 soldados con lo guardado en los depósitos de Jauja, cuya pervivencia es muestra de la continuidad del sistema, al mismo tiempo que del volumen de los recursos almacenados (Murra, 1975, p. 309). 45 El «Aviso», publicado por Rostworowski (1970), menciona que «Avía en este gran valle de Chincha, seis mil mercaderes» (p. 171), pero no puede precisarse cuántos de ellos estaban dedicados al tráfico del mullu, no mencionado específicamente en el documento. Cfr. los comentarios de Murra a los estudios de Jijón y Caamaño y Olav Holm al respecto (1975, pp. 261 y ss.); y para una opinión posterior a la redacción original de este libro véase Pease (1992, pp. 45 y ss.). 46 Es importante añadir que los yanas no estaban considerados en las relaciones de población (¿tributaria?) durante el Tahuantinsuyo, al decir de Sarmiento de Gamboa (1947, pp. 228, 230; Murra, 1975, cap. 8). Rostworowski piensa que yanayacu es una categoría de yanas, directamente vinculada con el Inca (1972, pp. 262-273; cfr. también Espinoza, 1970, pp. 10-11). 47 En la edición que John V. Murra y yo preparamos sobre los nuevos materiales lupacas, se incluye un quipu transcrito a escritura española, en el cual los pobladores indicados dejaron constancia de las cantidades de bienes entregados a los españoles hasta la guerra de Gonzalo Pizarro con la corona. 203

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