Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

chachapoyas»; otros 120 eran dedicados a «hacer plumas», 60 a «sacar miel», etcétera, siendo las dos últimas tareas ocasionales y que no requerían de un alejamiento prolongado ni de laborar en zonas muy lejanas a su hábitat normal. Por otra parte, 400 más estaban destinados a tejer en el centro administrativo de Guánuco Pampa, lo cual relieva la importancia de este como núcleo fabril. Del conjunto de hombres que el grupo mencionado enviaba al Tahuantinsuyo, podemos obtener entonces diversas categorías laborales y «tributarias» (Mori & Malpartida, 1956, pp. 306-307). Con el tiempo he podido precisar mejor esta forma de control, que en 1978 (fecha de la primera edición de este libro) definía como «control económico»; hoy pienso que el mismo se ejercía a través del cumplimiento de las obligaciones mutuas que contraían tanto el Tahuantinsuyo como las unidades étnicas en el universo de la redistribución pactada. Ello no excluía el conflicto posible, sin embargo (véase Pease, 1992). 31 La tesis doctoral de Juan M. Ossio en la Universidad de Oxford, The Idea of History in Felipe Guaman Poma de Ayala [publicada posteriormente por el Fondo Editorial PUCP en 2009 con el título En busca del orden perdido. La idea de la historia en Guaman Poma de Ayala (n. del ed.)], renueva un interés en torno al hecho de que la obra del cronista es también representativa de una respuesta ideológica elaborada en los Andes después de la invasión española. Esta respuesta no está necesariamente pensada sin embargo en las categorías históricas occidentales, sino andinas. Del conjunto de influencias que la aculturación, especialmente religiosa, proponía —a través de la evangelización, por cierto— utilizó ciertas categorías históricas, limítrofes entre una noción histórica y otra ahistórica, y las incorporó a su manera en la elaboración de su obra; esto sería una explicación del contenido mesiánico [no un movimiento, sino una conciencia] si es que se acepta que este resuelve [intenta resolver] los conflictos entre categorías temporales tradicionales e históricas (Pease, 1972, cap. 6). Sobre este asunto he cambiado y ampliado mis puntos de vista (cf. Pease, 1995, cap. 10). 32 Sin embargo, hay evidentes confusiones en las informaciones al respecto. Por ejemplo, testimonios recogidos en el siglo XVI sugieren que la ocupación del valle de Yucay fue «en época de Huayna Cápac» (Villanueva, 1970, pp. 124, 136); las Relaciones geográficas de Indias colocan a Huayna Cápac conquistando la zona de Pacajes, al sureste del lago Titicaca (Cabeza de Vaca, 1965, I, p. 350; Wedin, 1963, p. 49), lo cual llama la atención sobre este problema, básicamente en relación con las conquistas de Tupa Inca Yupanqui. 33 En torno a la reciprocidad y la redistribución es conveniente recordar que la primera supone un intercambio continuo de trabajo (energía humana prestada), bienes y servicios (traducibles en última instancia en energía humana, medibles en ella) entre personas previamente relacionadas entre sí (parentesco). Las relaciones entre las partes están regidas siempre por un patrón ceremonial. La reciprocidad asimétrica supone una desigualdad entre la prestación y su retribución, casi normal en las relaciones entre la gente y la autoridad, pero donde se entiende una igualdad simbólica entre las prestaciones. Finalmente, la redistribución requiere de la concentración de energía humana en manos del poder, su utilización en la producción de bienes (generalmente suntuarios, de alto valor, o «excedentes» en previsión de carestías) y que son distribuidos a la población (¿a través de los curacas?) a cambio de energía humana o en señal de «alianzas» con autoridades étnicas, o también como donación del poder, que debe ser «generoso». Puede verse un mayor análisis de estos conceptos en Wachtel 201

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