23 «ayga otro Cusco en quito y otro en tumi [Tumipampa] y otro en guanoco [Guánuco Pampa] y otro en hatuncolla y otro en los charcas...» (Guaman Poma, 1936, p. 185; cf. también Cieza, 1967, p. 240; Pease, 1972, p. 74). 24 «Tahuantinsuyu = Todo el Perú, o las cuatro partes del Perú, como son Antisuyu, Collasuyu, Contisuyu, Chinchaysuyu» (González Holguín, 1952, p. 336). 25 Versión recogida en la sierra de Arequipa, ver cap. 4 de este libro. 26 Guaman Poma precisa la designación solar: «...para ser Rey Cápac Apo Ynga... le a de llamar en el templo su padre el sol y nombralle para que ser elegido por el sol...» (1936, p. 118); y aún Martín de Murúa afirma que «Los perfectos yngas suelen ser elegidos y echos por manos de los sacerdotes y del sol y jurado de todas las prouincias y reverenciados delante del sol...» (1962, I, p. 139). 27 La situación del curaca como mediador en los conflictos entre mitades de ayllus es visible en los pleitos de curacazgos coloniales, y sobre todo en aquellos motivados por la necesidad de fijar los linderos (aún modernos). En la actualidad esta función parece presente en las batallas rituales (Chiaraje, por ejemplo), pero la función conciliadora en situaciones domésticas figura todavía entre las actividades contemporáneas de los ancianos (Bolton & Bolton, 1975). Queda un problema adicional: la posibilidad de extender el sistema dual a nivel del Tahuantinsuyo. Podría haber existido entonces un Inca de Hanan Cusco y otro de Urin Cusco; de ellos no queda un rastro claro en la historia de los incas escrita por los cronistas. 28 Coca = Erythroxilon coca; Mullu = Spondylus, solo hallable en las costas del Ecuador, en aguas más calientes que las existentes en las costas peruanas. María Rostworowski ha comentado los nombres para designar la coca (1977, pp. 156 y ss.). 29 Puede entenderse al yana prehispánico como dependiente (muchas veces identificado ligeramente como esclavo) cuya situación ha sido variable. Al parecer su número era limitado en unidades étnicas como los Lupacas, pero no sabemos bien cuál era su peso en la fuerza laboral del Tahuantinsuyo, aunque se puede suponer que su número estaba en aumento en los años finales del estado cuzqueño (Murra, 1975, cap. 8) y hubo casos de yanas que ocuparon cargos de curacas antes de la invasión española (Espinoza, 1967). Los yanas figuraron en concentraciones organizadas por el poder, tal como sucedió en el valle de Yucay, donde «después que el Inca Huayna Cápac hizo las dichas casas y edificios puso por mitmas en el dicho valle muchos indios traídos de diversas partes deste reino que serían más de dos mil indios los cuales todos andaban ocupados en hacer los dichos edificios y repararlos [y] en el beneficio de las chácaras que el dicho Inca tenía en el dicho valle unos con nombre de camayos que quiere decir oficiales... y no se contaban los dichos indios mitimas ni naturales del dicho valle con los indios de las provincias de gente tributaria que ellos llaman suyorunas». En el pleito publicado por Villanueva (1970, p. 136), que incluye el texto anterior, se explica la identificación de estos habitantes con yanas, aún después de la llegada de Pizarro. 30 La visita realizada en 1549 a la zona de Huánuco logró una importante información en torno a la entrega de energía humana al Tahuantinsuyo. Los Chupaychus declararon entonces dar una suma total de 3471 hombres (con sus mujeres) para diversos trabajos. Como probablemente esa suma rebasaría los totales de población, podemos distinguir aquellos que estaban empleados permanentemente por el estado, de aquellos otros que solo entregaban ocasionalmente su energía humana. Entre los primeros tenemos 400 (hombres y mujeres) «para sembrar chácaras en el Cusco...»; 200 «para la guarda de los 200
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