inestabilidad de la información relativa a la expansión territorial del Cusco, mencionando el ejemplo de la zona del Cañar (Cuenca), invadida por Pachacútec según relatan las Relaciones geográficas de los años ochenta del siglo XVI (Wedin, 1963, p. 49; Bello Galloso, 1965, pp. 267, 272, 275, 279, 282), aunque también sus sucesores10. Lo problemático reside en que las relaciones contemporáneas —recogidas igualmente por Jiménez de la Espada en sus Relaciones geográficas de Indias— especifican que en los tiempos de Túpac Inca Yupanqui —el sucesor de Pachacútec en la lista tradicionalmente conocida y aceptada— solo llegaban los cusqueños a la zona ayacuchana de Vilcas Guaman (Carbajal 1965, p. 218) y este tipo de información se multiplica. La confusión es visible aun a la luz de documentación local tan acreditada como las mencionadas relaciones y no solamente en las crónicas, pero inteligible tal vez si consideramos que cada uno de los gobernantes de la genealogía tradicionalmente conocida y estandarizada por distintos autores (por ejemplo Rowe, 1970a) no correspondería a una sucesión estrictamente dinástica, sino a cada una de las panacas que vivían simultáneamente en el Cusco y cuyos jefes tenían siempre por nombre oficial (del cargo, no de la persona) el de cada uno de los incas conocidos a través de los cronistas. La existencia de una genealogía de gobernantes parecería responder más bien a la necesidad de establecer —en un orden cuya jerarquización no es aún totalmente clara— una relación «cronológica», mejor dicho «continua», con los tiempos míticos del origen donde se establece una relación con la divinidad creadora (ordenadora) celeste (Huiracocha) (Pease, 1973), gracias a cuya acción se funda el Cusco, poniéndose de relieve en los mitos que recogieron las crónicas el papel y el derrotero cumplido por los siete grupos de parentesco originales del Cusco en seguimiento del arquetipo primordial Ayar Manco, llamado después Manco Cápac en una adecuación solar (Pease, 1970, pp. 70-72; 1972, pp. 69 y ss.; 1973, p. 58). Con la aparición del Tahuantinsuyo parece haberse producido un desdoblamiento de algunos grupos de parentesco cusqueños, quedando establecidos diez a doce grupos o panacas, una de las cuales conservaba — ejercía— el poder. A pesar de los esfuerzos desplegados por diversos especialistas, todavía no es claro el panorama. Lo que sí puede aceptarse plenamente es que Pachacútec inaugura el ciclo mítico que se vuelve a formar, vinculado ahora al Tahuantinsuyo, repitiendo así la figura mítica —arquetípica— cusqueña de Manco Cápac. 18
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