Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

Vargas (1937). 8 Calancha utilizó diversas fuentes de diferente valor, como Cieza, Betanzos, Zárate, Garcilaso, Herrera y los informes elaborados por frailes de su orden, el de 1550-1551 sobre Huamachuco, por ejemplo (Riva Agüero, 1965, p. 223; Wedin, 1966, p. 85), pero hasta el momento parece válida la afirmación de Riva Agüero en el sentido de que sus páginas costeñas sobre religión son notables. Justamente, Cieza y Betanzos son la versión cusqueña, tanto o más que Garcilaso de la Vega. En todo caso, Calancha exige una reevaluación seria basada en sus fuentes y en la comparación de los resultados de su estudio con los conocimientos hoy al alcance. A fin de cuentas, Calancha es ya un cronista esencialmente urbano; pertenece a una época en la cual lo importante no era ya dar noticias de los incas, sino sobre todo destacar la obra evangelizadora de las órdenes religiosas, en medio de una polémica con el clero secular, inscrita sin duda en una perspectiva delimitada por esquemas religiosos que atribuían un papel cuasi mesiánico a la actitud de los evangelizadores. 9 Hace años viene reevaluándose el estudio de las tradiciones orales, tanto desde la perspectiva del análisis de los mitos (Eliade, 1974, por ejemplo), como también desde los resultados del trabajo etnográfico. La obra de Jan Vansina (1967) es un excelente ejemplo de síntesis y criterios. 10 La información de Bello Galloso da la impresión de que las conquistas fueron hechas en algunas partes del Cañar por Pachacútec, en otras por Túpac Inca Yupanqui, y en distintos casos por Guayna Cápac; añade aún una información más conflictiva, cuando precisa que en Pacaribamba «eran subjetos a los Ingas, en especial a Topa Inga y a Inga Yupangui Inga y a Guanca Inga...» (1965, p. 279). Esta superposición de información no sería necesariamente relacionable con que distintas «regiones» de la restringida área de los Cañaris fueran conquistadas por diferentes gobernantes cusqueños, sino más bien haría pensar en que distintas panacas cusqueñas tenían derechos adquiridos en la región misma. 11 Las crónicas distribuyen las conquistas de Manco Cápac en un ambiente de confusión e imprecisión geográfica que impide realizar una aproximación al estado actual de la investigación. Suele entenderse que el movimiento de los Ayar (el último de los cuales es Ayar Manco) cubre los cuatro ámbitos o direcciones del espacio, sometiendo diferentes grupos, en un camino cuya correlación geográfica es difícil precisar. Lo importante es, en todo caso, que los cronistas admiten que Manco Cápac funcionó como un arquetipo o modelo ejemplar primordial al cual se refirieron los demás incas. 12 La utilización de juicios y documentos coloniales diversos para estudiar la sociedad andina anterior a la invasión española fue propuesta por Rostworowski al estudiar problemas referentes a la tenencia de tierras (1963) y posteriormente la extendió a otros temas, como el acceso al poder de los señores étnicos. Es indiscutible la importancia que tiene este tipo de materiales, y su utilización en diversos estudios sobre la población andina lo confirma (Wachtel, 1971, por ejemplo). Sin embargo, es necesario precisar que los papeles judiciales y administrativos en general adolecen también de dificultades europeocéntricas; manejados por la burocracia europea dentro de sus propios criterios, fueron registrados por escribanos generalmente españoles, luego criollos, mestizos y andinos (aunque la presencia de los últimos no garantiza, por cierto, que escribieran otra cosa que los primeros). Los abogados de las partes en litigio reelaboraron los 198

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