de sobrevalorar o extender la información de un cronista; las cosas no eran iguales —ni mucho menos— en toda la región andina, matizada de desarrollos desiguales, y es necesario cuidar que la imagen que se logra del Tahuantinsuyo en cada cronista esté relacionada directamente con el lugar (o lugares) donde recogió sus informes y también con el tiempo que duró la presencia del Tahuantinsuyo en una región específica, ya que el dominio del Cusco no fue uniforme en toda el área andina. Ello está sin duda relacionado con los diferentes modelos de colonización que veremos luego empleados por el Tahuantinsuyo a lo largo de su formación. Todo esto debió influir poderosamente en los materiales que recogió cada cronista; tiene una importancia particular, entonces, tanto el momento en el cual recoge sus datos —más cerca o más lejos de la invasión misma— como dónde lo hace. Se ha argumentado también que el hecho de acceder a la información en momentos más cercanos a los sucesos de Cajamarca sugiere la posibilidad de que los cronistas accediesen a una memoria oral menos alterada por el olvido; sin embargo, esta suposición es discutible, pues presupone que la información oral proporcionada por los hombres andinos estaba ordenada históricamente bajo categorías que permitían identificar acontecimientos y personajes en un ámbito temporal preciso. Al contrario de lo supuesto, se puede afirmar que los testigos «más cercanos» al Tahuantinsuyo recogieron la información más perturbada por el traumatismo de la conquista y más insegura en términos de las traducciones de las lenguas andinas al español. Definitivamente distinta es la situación de aquellos cronistas que escribieron sobre la conquista o las guerras habidas entre los conquistadores, donde la cercanía física y temporal adquiere diferente dimensión, que otorga o no a los autores el carácter de testigo. Si Betanzos, Molina, Cieza de León y Sarmiento de Gamboa no coincidieron todos en los años cincuenta del XVI en la ciudad del Cusco, sí vivieron todos en ella y pudieron acceder al mismo tipo de información oral; ello se debe fundamentalmente a que las versiones que recogieron de los mitos de creación transmitían un trasfondo común ya mencionado, no siendo particularmente útil que Betanzos y Cieza de León escribieran antes que los otros, más cerca de los «tiempos del ynga». Casos diferentes pueden ilustrar estos problemas, como el dar un crédito mayor a Martín de Murúa o a Bernabé Cobo cuando hablan del Collao — donde vivieron el mayor tiempo de su vida peruana— 6 y no a Garcilaso, Cieza de León o Sarmiento de Gamboa —aunque consta que al menos los dos últimos visitaron detenidamente el altiplano, y que Cieza gozó de las 16
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