Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

rebelión de 1780, donde la población entró en armas porque el Inca había resucitado y ya no habría más hambre ni opresión en el mundo andino. Si el sometimiento de la revolución de Tupa Amaro sobrecogió a la administración española, la hizo también modificar sus criterios de dominación y gobierno (aunque en realidad este cambio había comenzado antes). Los funcionarios tradicionales fueron reemplazados por otros — corregidores por intendentes, por ejemplo— los tributos volvieron a lograr una bonanza pasajera para las arcas fiscales de la nueva administración colonial. Pero el proceso estaba en marcha, y los sectores andinos que lucharon contra Túpac Amaru desde ciudades como el Cusco y sus dependencias rurales no soportaron la nueva presión administrativa que exigía todavía la precaria situación de la corona española en manos napoleónicas, y en 1814 los Andes volvieron a estallar en el sur, uniéndose ahora a movimientos urbanos generados en Chuquisaca, La Paz, Huánuco, Buenos Aires, Tacna, etcétera, y que pueden incluso relacionarse con las juntas de los años 1810-1812. Solo Lima se mantuvo al margen (tan al margen, siempre) hasta 1821, en que su ocupación por San Martín culminó conspiraciones y temores. La participación de la población andina en la guerra de la Independencia es real. Sin embargo, habrá que preguntarse si no fueron diferentes (confluyentes, conflictivos) los motivos que llevaron a los criollos a pelear la guerra de la Independencia, y las esperanzas que movilizaron una vez más a los pobladores andinos. Curiosamente, y en forma similar a los momentos de la invasión del siglo XVI, los grupos andinos organizados se sintieron aliados de los criollos en la lucha que los condujo (a los últimos, por cierto) a la fundación de la República. En el siglo XVI, la oposición al Cusco hizo posible a los españoles contar con mano de obra, auxiliares y recursos diversos proporcionados por los grupos étnicos sometidos por aquél. En el XIX, los revolucionarios de las ciudades lograron la adhesión de los pobladores andinos en un volumen que todavía se discute (como lo hicieron Bonilla & Spalding, 1991, por ejemplo). En ambos casos, los pobladores andinos quedaron decepcionados. Los curacas de Jauja que tuvieron la inocencia de pensarse aliados de Pizarro y del rey de España estuvieron tal vez en la misma situación de los dirigentes rurales que pelearon al lado de los ejércitos libertadores del XIX. La República inauguró nuevos procesos de dominación occidental sobre los medios andinos. Una vez consolidada a medias una precaria vida institucional, precaria tal vez más que nada por postiza e importada, lo 158

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