redujo, para el siglo XVII, a poca información conocida y estudiada. Sí hay algo que llama la atención, sin embargo, cuando estudiamos la aparente disminución de los ricos informes del tipo de las visitas de Gasca, Nieva y Toledo; aparentemente habría un silencio administrativo (aislado por tránsitos fugaces como el de Vázquez de Espinosa, cuyos datos son sin embargo discutibles también) en gran escala, que no se rompe realmente hasta la visita del duque de la Palata a finales del siglo XII. Nada se sabe de cierto sobre el proceso de las reducciones en los cien años posteriores a Toledo, ni tampoco es mucho lo que se conoce acerca de las consecuencias de la gran campaña de extirpación de las «idolatrías» de la primera mitad del siglo XVII, estudiada por Pierre Duviols. Casi podríamos decir que se ignora el contexto general de la mita en sus múltiples formas, al margen de los grandes polos de atracción que fueron Potosí y Huancavelica, ambos en crisis en el mencionado siglo. Parece cierto que desde los años finales del siglo XVII (¿la segunda mitad?) la población andina habría llegado a niveles de equilibrio con la producción agraria, que le permitió nuevamente un autoabastecimiento normal, con producción de excedentes estrictamente andinos. Al lado de esto, los señores étnicos obtenían riqueza, de carácter comercial ahora, gracias al arrieraje. Por otro lado, debemos insistir en la existencia de un mesianismo apenas estudiado, aunque últimamente ha llamado la atención, gracias a algunas publicaciones especializadas (Varese, 1873; Ossio, 1973, por ejemplo); del estudio de ambas situaciones podrá obtenerse, sin duda, un panorama distinto sobre ese tiempo. A lo largo del siglo XVIII, una serie de movimientos campesinos, dispersos por toda la región andina, originaron inquietud en la administración española. El siglo anterior, cubierto de una calma aparente, había terminado con las reformas económicas en la administración, que permitieron obtener un alza en la tributación de la región andina, proporcionando de esta manera una bonanza apreciable a las siempre vacías arcas fiscales. Las consecuencias de una nueva visita general incidieron en el descubrimiento de amplios recursos tributarios en los pobladores que habían emigrado de sus lugares de origen y empadronamiento. Al engrosar las listas de tributarios con los forasteros y los mestizos se incrementaron las rentas del estado, pero también se maltrató fuertemente la economía de la población, que parecía recuperarse de las consecuencias de la crisis demográfica y de los cambios drásticos provocados por la invasión del siglo XVI. Tal vez tenga relación esta 153
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